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La amarga vida de Dulcita

La amarga vida de Dulcita
La amarga vida de Dulcita

La niña entró literalmente de la mano de su madre,  no se le ocurrió que fuese ella la paciente.  Daba la impresión de que no había menstruado aún.

En ocasiones madres e incluso padres me visitan con el objetivo de interrumpir embarazos no deseados de sus hijas.  Claro está, no  hago abortos por su estatus legal, pero en casos específicos: cuando el embarazo es producto de una violación,  cuando genera problemas a la salud de la mujer o si es un producto incompatible con la vida me gustaría poder ayudarlas.

“Doctora, se la traje para que hable con ella”, dijo la madre con los ojos hinchados, quizás de llorar al ver destruir los sueños que había tejido para Dulcita.

“Mi hija, con catorce años,  tiene un embarazo de dos meses y quiero que le haga entender que tiene que abortar, que no es posible para mí mantenerla a ella, a su hermana de 9 años y un niño”, imploró la madre.

Me llamó la atención la determinación de la niña y quise escuchar sus argumentos: “Vine para que me ayude a tener mi hijo, no para sacármelo”, me dijo. “Perfecto Dulcita, justo esa es mi responsabilidad”.

Le pedí que leyera el horóscopo de la revista que tenía en sus manos. Este pedacito de mujer leyó con una fluidez envidiable, demostraba buen dominio de los tiempos y  pronunciaba cada silaba.  “Lees muy bien”, le dije, y  ella añadió: “Leo como las presentadoras de noticias, eso haré cuando sea grande”.

La idea de ponerla a leer la utilicé para ganar tiempo y confianza, pero fracasé en el intento.   Dulcita al empezar a leer levantó el pecho y puso en alerta todo el ímpetu de una adolescente.  Con su forma de leer, Dulcita demostró ser una triunfadora en ciernes.  ¡Cuánto me dolió ver su vida empeñada por un embarazo a temprana edad. ¡Dios mío,  no se vale! La sentí mía, se me aguaron los ojos.

“Dulcita, las jóvenes tienen la posibilidad de crecer hasta los 21 años, parte de tus nutrientes destinados a crecer  se destinarán al embarazo,  es probable que no crezcas todo lo que podrías. Además ¿has pensado que tendrás que dejar de ir a la escuela, que no tendrás tiempo para  tus amigas, o para ir a las fiestas, que se va acabar tu niñez?

Con cierta irreverencia respondió: “Estoy como mis amigas, tengo tres compañeras de curso embarazadas y dos paridas,  ahora soy igual que ellas”.

¡Ay dulcita, no sabes que amarga se va a poner tu vida!, pensé.

 

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