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La columna de Miguel Guerrero: A propósito de un gran debate

Miguel Guerrero.

El debate presidencial de Francia permite entender las razones por las que no lo tuvimos aquí por el puesto público más alto de la nación, desde dónde se reina y vive como un emperador, dueño de vidas y haciendas.

Al observar ese encuentro de dos políticos civilizados, cualquiera se explica las desventajas que uno de ellos, Danilo Medina, tendría frente a su opositor, el expresidente Hipólito Mejía, a despecho de sus habilidades personales.

En un debate de esa naturaleza entran en juego muchos aspectos relevantes, que nada tienen que ver con la capacidad de los expositores para expresarse, aspecto en los que sin duda el candidato del oficialismo le lleva ventaja al de oposición.

La importancia en el caso nuestro hubiera radicado en el manejo de los temas, más allá del conocimiento que uno tenga sobre el otro. Pongamos, por ejemplo, el tema de la educación, que ambos han esgrimido como una de sus principales prioridades de ganar las elecciones.

Mejía se ha comprometido con el 4% del PIB para el sector, lo que su contrincante se dilató en hacer. El primero tendría todas las de ganar. Le bastaría con decir que un candidato que ha aceptado con su silencio la resistencia de su gobierno y el partido que lo postula a cumplir la ley que destina ese monto a la educación, no puede ser garantía de que cumplirá con esa meta obligatoria.

En el área de la salud, el cólera, los conflictos con los médicos, las quejas ciudadanas sobre el funcionamiento de los hospitales, los problemas de insalubridad que afectan a gran parte de la población y lo mismo en otras áreas, pondrían a Medina en situación de aprietos, por más que su habilidad discursiva, muy cuestionada, le permitiera encontrar un atajo para salirse.

Su única posibilidad residiría en la proverbial incontinencia verbal de su adversario, lo cual explica la verdadera razón de que no se diera el debate.

[email protected]
@GuerreroMiguele

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