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La columna de Miguel Guerrero: Las objeciones a la reforma

La columna de Miguel Guerrero: Las objeciones a la reforma
Miguel Guerrero

Si la finalidad de la reforma es sólo la de limpiar el desorden de las administraciones del ex presidente Fernández y preservar el exorbitante nivel del gasto público que nos condujo al déficit fiscal sin precedentes que hoy padecemos, estaríamos ante uno de los más monstruosos actos de deslealtad a la república de nuestra historia. La renuencia oficial a debatir las causas de ese déficit implica un manifiesto deseo de encubrimiento, cada día más imperdonable a medida que los medios de comunicación sacan a relucir los crímenes económicos cometidos en casi todas las áreas del quehacer oficial en los últimos ocho años.

Si se dieran demostraciones fehacientes de austeridad acorde con la situación de estrechez existente, o sea un firme compromiso de recorte del gasto público con una sustancial mejoría de su calidad, la imposición de nuevas cargas tributarias no encontraría los reparos que en la actualidad se hacen evidentes con expresiones de rechazo de amplios sectores de la sociedad, en todas sus escalas. Es cierto que se han visto algunas acciones que apuntan a un cambio en la conducción del Estado con un sentido de la ética inexistente en la administración anterior. Pero el peso de la reforma se torna intolerable, e inevitablemente generará graves problemas, si los rigores adicionales a que se verá sometida una población ya saturada de impuestos, no se acompañan de acciones legales contra los responsables del hoyo fiscal al que hemos caído.

Sería muy lamentable que el presidente de la República y el nuevo y reducido equipo gubernamental, sobre los que el país abriga aún esperanzas, por un sentido de lealtad partidaria a la que no están obligadas, asuman con el silencio el costo político y moral de quienes en su momento fueron incapaces de honrar la responsabilidad que la nación puso sobre sus hombros, embriagados de una fama temporal y una riqueza mal habida.

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