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La columna de Miguel Guerrero: Una noche memorable

La gala conmemorativa del 125 aniversario del Gran Teatro del Liceo de Barcelona ofreció en 1972 a los amantes de la ópera una de esas ocasiones memorable y experiencia irrepetible a una misma generación. Esa noche, a los 80 años de edad, el gran Giacomo Lauri Volpi intepretó el aria Nessum Dorma, de Turandot, que Giacomo Puccini, escribió pensando especialmente en su voz y en la de otro gran tenor de aquella época, el español Miguel Fleta, poco antes de morir sin haber concluido la obra.

Aunque ya trémula su voz, ya retirado, sin el acento vibrante y la resonancia limpia de sus agudos, que sus biógrafos llegaron a calificar de “sobrenatural”, su sola presencia majestuosa en aquél escenario hizo de aquella lejana presentación un hito en la historia de la ópera. Tal vez muy poco conocido para los aficionados que no han tenido el privilegio de escuchar las grabaciones que han podido salvarse de sus presentaciones, Lauri Volpi es considerado como uno de los más grandes tenores líricos de todos los tiempos. Inigualable intérprete de Verdi, su fama se cimentó, sin embargo, por su versatilidad y enorme capacidad vocal para adaptarse a las partituras más exigentes, como fueron sus interpretaciones de “Los hugonotes”, de Meyerbeer, que muy pocos tenores han incorporado a su repertorio por sus grandes dificultades vocales.

Dos años después de finalizada la Segunda Guerra Mundial, se le seleccionó tercero en una lista de las cinco mejores voces líricas masculinas, sólo detrás de Franco Corelli y Jussi Bjoerling, que también incluyó a Enrico Caruso y Benaminio Gigli. Un año después de la gala de Barcelona, grabó su último disco, una recopilación de fragmentos de óperas y música sacra, que incluyó el aria “Quando le sere al placido”, de Luisa Miller de Verdi, cuya interpretación en 1924 en el Metropolitan se le recuerda como uno de los grandes momentos de la ópera. Murió a los 81 años.

 

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