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La defensa de los clientes de las telefónicas

La prosperidad del negocio de las telecomunicaciones en el país está evidenciada en la expansión incesante del volumen de ingresos y de sus inversiones. Que varias empresas compitan por el favor del público debería ser el mejor incentivo para la excelencia en su servicio.

Sin embargo, la calidad del servicio de las empresas de telecomunicaciones en República Dominicana deja mucho que desear. Paradigmas antiguos, como cuando la empresa líder era propiedad primero de GTE y luego de Verizon, han sido sustituidos por nuevos modelos de negocios en los que la rentabilidad prima por encima de la satisfacción del cliente.

Para muestra basta este botón: el simple uso de las marcas de GTE o Verizon implicaba la homologación de métricas de calidad con estándares estadounidenses, mientras ahora basta con compararse con las demás empresas del relativamente diminuto mercado dominicano.

La enorme rentabilidad del negocio de las telecomunicaciones en la República Dominicana se logra a pesar de condiciones desfavorables tales como unos exorbitantes impuestos que suman el 28% de las tarifas; el retraso y poca congenialidad de la “permisología”, especialmente en los gobiernos municipales y el Ministerio de Medio Ambiente; y condiciones absurdas de interconexión que perjudican más que a nadie a los consumidores.

Casi igual a como ocurre con el negocio del transporte de pasajeros o de carga, los únicos grandes beneficiados del negocio de las telecomunicaciones son las propias empresas y el gobierno (que aparte del 28% que chupa a los consumidores, recibe además luengas contribuciones por las ganancias de las empresas), mientras los clientes pagan tarifas más altas que en países similares, con menor calidad en el servicio, interrupciones frecuentes del Internet, problemas por congestión para completar llamadas en horas pico, y quedan a merced de un órgano regulador proclive a ser laxo con las fallas en el servicio.

Ante cualquier avería o problema, si usted no es periodista o funcionario público, más le vale consignarse a alguna divinidad, porque lograr que lo atiendan es una odisea. Vale resaltar que a quienes esas empresas consideren “líderes de opinión” les dan un trato exquisito y el autor de este artículo lo puede atestiguar y agradecer.

Pero si las empresas de telecomunicaciones son tan rentables que logran reinvertir cientos de millones que se ganan aquí y además repatrían dividendos, ¿no merecen todos los clientes un servicio mejor?
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