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Miércoles, 26 de febrero, 2020

La estropeada majestad del Congreso Nacional

La estropeada majestad del Congreso Nacional
Rafael Chaljub Mejía

Siempre se nos ha dicho que el Congreso Nacional es una institución digna de respeto y que los diputados y senadores son honorables. ¡Voten, honorables¡ se oyó decir hace unos años al presidente de una de las cámaras en momentos en que se estaba por aprobar un proyecto contrario al interés nacional. Cuna de las leyes, representantes de la voluntad del pueblo, primer poder del Estado, son algunas de las denominaciones altisonantes que los partidarios de la democracia representativa suelen darle al Congreso y sus integrantes. Pero lo que estamos presenciando viene a tirar por tierra todo esto, para mostrarnos una institución disminuida en su imagen, en su reputación y su dignidad. Claro, que hay personas dignas y honorables entre los legisladores, pero al Congreso como institución lo han estado persiguiendo la versión de que el hombre del maletín ronda por esos predios, las denuncias de que allí funciona algo así como un mercado persa en el cual la compra y venta de conciencias está a la orden del día, y las polémicas enardecidas y fuera de control en torno al tema de la reelección.

A veces ha faltado poco para convertir aquel convulso escenario en un cuadrilátero de lucha libre y está fresca en los espectadores la imagen de un diputado que a voz en cuello acusaba de ladrón a uno de sus colegas. Otro diputado y una dama protagonizaron hace poco un incidente verbal parecido y el pasado miércoles, otro legislador y otra señora diputada estuvieron a punto de los golpes. En todos los parlamentos del mundo hay discusiones apasionadas y violentas a veces, pero son casos excepcionales. Aquí se han convertido en habituales y eso tiene algunas explicaciones. Es un reflejo de la descomposición que mina los cimientos morales de la sociedad; de la quiebra de la institucionalidad a todos los niveles; del efecto perturbador que constituye el proyecto reeleccionista. Y este último elemento no solo afecta al Congreso sino que a sus malas consecuencias no escapa nada. Sume en el desconcierto el panorama político, al partido de gobierno mismo, a los de la oposición, al Estado en todas sus instancias y como por el Congreso es que debe decidirse el desenlace legal de ese nudo, es lógico que la perturbación llegue hasta allí y convierta esa institución en eso que está saliendo a flote en estos días.

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