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La fatiga invocada, de José Rafael Lantigua

La fatiga invocada, de José Rafael Lantigua
Frank Núñez

Quien forja un nombre en el fragor de una actividad creativa o profesional se enfrenta a la dificultad para ser reconocido en otras facetas que en ocasiones pueden ser las exponentes de la auténtica vocación del sujeto creador. Eso podría estar ocurriendo con José Rafael Lantigua, con toda una carrera como crítico y promotor de la literatura dominicana, que luego debutó como funcionario hasta convertirse en Ministro de Cultura en gobiernos del ex presidente Leonel Fernández.

Es probable que la sombra del crítico y funcionario esté opacando la obra poética de Lantigua, cuyo poemario Territorio de Espejos comentamos anteriormente, logrando el clímax de su consagración estética en La fatiga invocada, con visibles influencias de los grandes poetas europeos y americanos como Pessoa, León Felipe, Lorca, Neruda, Vallejo y los dominicanos  del Cabral, Incháustegui, Mir, Mieses Burgos y Gatón Arce.

En el canto XVI, que da título al libro, el poeta expresa: “La poesía, mujer, es una fatiga invocada”, y concluye en que es también “ausencia redimida en la eternidad del instante que cada uno guarda en los labios, en la cautivante quietud del ardor, en el fuego que habita en nuestro horizonte. Lo otro, si lo hay, no es poesía, mujer, no es poesía”.

Solo el autor podrá explicar porqué prefirió el poema en prosa por encima de otros como el XV, que impresionaría al lector más exigente. “Lo anterior a ti/ fue el eco/ la sombra./ La página teñida de verde./ Sin nombre”, es el comienzo, que concluye en que: “Lo después de ti/ fuiste tú./ El esplendor./ La columna transparente./ La cumbre coronada./ El azul tallado de tu rumor./ El alfabeto de mis noches/ El timbre de deseo que por mi cuerpo pasa y se derrama”.

Ya quisieran  muchos de los pseudo poetas que intoxican el anémico parnaso dominicano digno de mejor suerte aproximarse a esta poética de Lantigua,  pretendidamente desapercibida.

 

 

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