La fobia al VIH, el mayor castigo a los portadores del virus en México

El estigma social y el rechazo es el reto más duro al que se enfrentan los portadores del Virus de Inmunodeficiencia Humana en México, quienes sufren a la hora de convivir con el virus en una sociedad en la que "sigue habiendo VIH fobia".

salud. Los pacientes de la clínica suelen ser jóvenes y aunque la comunidad homosexual presenta una alta incidencia del virus, esta no entiende de orientación sexual. Alejandro, de 31 años, paciente y colaborador de la clínica, cuenta a Efe que antes de contraer el virus su vida "era alcohol, fiesta y más alcohol". "El diagnóstico cambió muchas cosas, pero llegó a destapar cosas que ya existían, como una falta de identidad", explica el joven, quien ahora, 3 años después, disfruta "sin llegar a los extremos". Al enterarse, los jóvenes no suelen comunicarlo. A Alejandro le tomó un año hablarlo con sus padres. Fernando también tenía terror y se decía a sí mismo: "Si no hablo de nada con ellos, menos les voy a revelar mi diagnóstico". El caso de María Antonia, de 52 años, es muy distinto. Cuenta a Efe que, tras descartar varias enfermedades, finalmente descubrió que tenía Sida porque su marido le había transmitido el virus. "Él se negó a aceptar su enfermedad" y, "una vez entró en el hospital, no volvió a salir", recuerda. Tras pasar dos años en los que perdió todo el cabello a causa del estrés y el miedo, María Antonia ahora convive con la enfermedad de manera tranquila. "El 70 % de las mujeres que viven con VIH (en México) y que se atienden en la clínica adquirieron la infección en relaciones de pareja única", afirma Badial. Sin embargo, el perfil más común en esta clínica es el del trabajador sexual, que tiene "alto riesgo de contagio de VIH y enfermedades de transmisión sexual". Aunque tienen consciencia del riesgo, sucumben ante la posibilidad de ganar más dinero. Solo 100 pesos (5,7 dólares) extra ofrecidos por el cliente son suficientes para que el trabajador se exponga. Para estos trabajadores que suelen ser de bajo nivel socioeconómico y educativo, "el dinero es inmediato", mientras que "el riesgo es hipotético", señala el doctor. A través del programa Punto Seguro, la Clínica Especializada Condesa ayuda a los trabajadores sexuales, a quienes detectan en varias zonas de la ciudad, que van desde los parques hasta el metro, y "les ofrecen medicamentos y retrovirales gratuitos". "También les damos tarjetas" para comprar en el supermercado "cosas mínimas pero efectivas", afirma Badial, quien alerta que las drogas alteran "las sensaciones y percepciones de la relación sexual", aumentando "el riesgo de tener prácticas no protegidas" y, por tanto, la transmisión del VIH.