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La gran empresa de todos

Desde la primera convención empresarial (1963) a la VIII (2015) hay una República Dominicana, un mundo y un empresariado diferentes, todos han visto correr bajo los puentes las aguas de los cincuenta años de mayor progreso de la humanidad; la sociedad dominicana evolucionó de una aldea rural a una de vecindarios urbanos, la economía se movió de un producto básico de exportación: la azúcar de caña, a una  diversificada, y el empresariado ha terminado comprendiendo que la gran empresa es el país.

Antes de su primera nucleación estratégica, los empresarios dominicanos se concentraban en sus negocios y solo se congregaban en las iglesias, la meta era generar ganancias sin exhibir prosperidad para que el amo y señor del país no se interesara en comprárselos al precio y bajo las condiciones que impusiera.

Como ha ocurrido en todas las revoluciones capitalistas, la burguesía dominicana se las ingenió para dejar tendido como un perro a la orilla de la carretera, al que durante más de treinta años se convirtió en una retranca para su expansión, y desde que se produjo la apertura democrática se dispuso a estructurarse de manera tal que jamás tuviera que vivir en la sumisión.

En ese ambiente produce su primera gran convención, pero un acontecimiento acaecido en Cuba en 1959, iba a tornar al sector empresarial dominicano sumamente receloso con el gobierno que resultó de las primeras elecciones democráticas celebradas tras la decapitación de la dictadura, temiendo que la empresa y la propiedad privada corrieran una suerte similar a la cubana, contribuyeron como nadie al derrocamiento de Juan Bosch.

Les llegó entonces su gran oportunidad, la de tomar la sartén por el mango como lo hicieron con el triunvirato, pero la suerte les duró poco, en menos de tres años se produjo una guerra civil que pudo haber colocado al país más cerca de una situación similar a la cubana, que el derrocado gobierno de Bosch.

Pero la suerte que no tuvieron controlando directamente el Estado, por eso ¡zapatero a tus zapatos! Les sobrevino después con el predominio de un político que nunca fue ni le interesó ser empresario, pero que ha sido el mayor impulsor del empresariado y la clase media dominicana: Joaquín Balaguer: la 299 de Incentivo Industrial y el Infractur, solo dos botones.

Triunfó la revolución sandinista en Nicaragua y Carlos Andrés Pérez nacionalizó el petróleo en Venezuela, y con el PRD llega al poder contaminado del estatismo que se respiraba en el área y de nuevo hubo un empresariado con las botas puestas, enfrentándose al gobierno como lo hizo bajo el liderazgo de Payo Ginebra.

No por casualidad, el sector apuesta al regreso al poder de su benefactor que, en una coyuntura de predominio de las ideas neoliberales sobrelleva el timón sin incertidumbres, y, al final, se ocupa de traspasar la antorcha al Partido de la Liberación Dominicana.

Y la conspiración de antaño se sustituyó por colaboración, a los empresarios de la post guerra fría  no hay quien les hable de desestabilización, por el contrario, en la sustentación coherente de la agenda de los temas claves del desarrollo han estado a la vanguardia, y esto que acaban de hacer, trazar los objetivos estratégicos de los próximos cuatro años enfatizando en temas que tienen más conexión con  los intereses generales de la nación que con los de los sectores que representan demuestran que hay un sector empresarial con conciencia de clase.

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