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La gran vergüenza

La gran vergüenza
Víctor Bautista

Mientras Doña Silvia Alvarado de Córdoba, directora de la Comisión Nacional de Energía Eléctrica de Guatemala, avanzaba en su presentación, exponiendo los resultados de la reforma eléctrica de su país, el rubor me invadía, la vergüenza me golpeaba y me sentí tentado a abandonar el lugar derrotado.

No lo hice porque tenía el compromiso de moderar un panel sobre institucionalidad en el sector eléctrico, con la participación de los reputados profesionales Marisol Vicens, Marcos Cochón, Ángel Canó, Antonio Almonte y Oscar Pacheco, gerente general del Organismo Coordinador del Sistema Eléctrico Interconectado.

El escenario fue el VI Foro de la Asociación Dominicana de la Industria Eléctrica.

Guatemala, que hace cerca de dos décadas sufría un acuciante déficit eléctrico y, como nosotros, un racionamiento en la provisión de energía, decidió desarrollar un agresivo programa de privatización casi a la par con el proceso de reforma y capitalización de la empresa pública de aquí.

En este paralelismo no programado de dos economías con condiciones similares, los países llegaron a compartir los mismos consultores. Cualquier incauto diría que la diferencia fue que en República Dominicana esos cerebros se equivocaron y en Guatemala asertaron.

El país centroamericano hoy no sufre apagones, cuenta con el doble de la energía que necesita, no hay subsidio cruzado, el 60% de la matriz de generación es en base a las renovables, la tarifa es competitiva, cuenta con 19 empresas distribuidoras de electricidad y una regulación que juega su papel, sencillamente porque funcionó la institucionalidad.

La crisis eléctrica de Guatemala se manejó como un problema país que requería soluciones con carácter de continuidad y compromiso.

Aquí fue al revés. La capitalización se montó sobre la base de las mejores prácticas internacionales, con licitaciones transparentes, tasaciones del valor de mercado de los activos, hechas con todo el rigor técnico. En síntesis: un proceso por el librito.  ¿Dónde residió el problema?  En la vacilación política que mantuvo vigente por un tiempo muy prolongado a las aves carroñeras que se alimentaban de los despojos del sector y hasta desarrollaron fallidos proyectos de poder adheridos a las ubres portentosas de la CDEEE.

Esos señores armaron una encerrona, un boicot que generó frutos a sus apetencias, aunque al final terminaron con los escombros encima desde el punto de vista político. No se han recuperado y gritan a diario, lanzan imprecaciones y denuestos para justificarse. Por suerte, el presidente Danilo Medina ha tenido la visión de mantenerlos lejos, porque donde pisan no nace hierba.

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