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La inexplicable muerte de Caitlin Nelson, hija de un héroe del 11-S

La inexplicable muerte de Caitlin Nelson, hija de un héroe del 11-S
La inexplicable muerte de Caitlin Nelson, hija de un héroe del 11-S

REDACCIÓN INTERNACIONAL.- El 11 de septiembre de 2001 Caitlin Nelson tenía apenas 4 años. No entendía lo que ocurría cuando en su casa todo era llanto y corridas. Ese día su padre se convertía en héroe. Salvó decenas de vidas luego de que fue llamado al servicio pasadas las 9 am. Fue uno de los tantos oficiales de policía que murió durante los rescates en los ataques a las Torres Gemelas en Nueva York.

James A. Nelson, nacido el 10 de julio de 1961, tenía 40 años el día de los atentados terroristas. Y cada año, Caitlin, su hermana Anne y su madre Roseanne rendían tributo al hombre que siempre repetía que quería ser el padre que él nunca tuvo para sus hijas.

La historia se repetiría para sus hijas. Lo perdieron muy pequeñas. La familia continuó adelante, hasta que otra vez la tragedia se chocó con ellas.

La muerte encontró primero a Caitlin. Fue en el Sacred Heart University de Fairfield, Connecticut, durante un concurso tradicional que consiste en comer la mayor cantidad de panqueques en un tiempo determinado.

Caitlin escuchó sonar el timbre y se abalanzó sobre la fuente de panqueques, desesperada. Llevaba un buen ritmo hasta que algo ocurrió. La masa se atoró en su garganta, se atragantó y no pudieron ayudarla. Un llamado al 911 permitió que una patrulla y paramédicos intentaran desesperadamente salvar su vida. Fue trasladada de urgencia a un centro médico. Pero su cuerpo no resistió y días después murió.

Causa del deceso: daño cerebral por falta de oxígeno.

Caitlin tenía 20 años y no era una concursante profesional. No se dedicaba a aquello como la mayoría de quienes participaron del particular torneo. El concurso -que tuvo lugar en marzo de 2017- estaba destinado a recaudar fondos para caridad.

Pero este lunes la historia dio un nuevo vuelco. La familia denunció al centro educativo. Quiere justicia. De acuerdo a la demanda, la joven comenzó a “sacudirse descontroladamente” y colapsó sin recibir ayuda profesional inmediata. La denuncia contra la universidad se presentó en la Corte Superior de Bridgeport, Connecticut.

Cuando la policía respondió al llamado de emergencia, descubrieron que la boca de Nelson “estaba compactada con panqueques casi hasta los dientes”. Un oficial añadió que la “bola de pasta para panqueques en su vía aérea era como hormigón”. Esto resultó fatal para la joven víctima.

“La familia de Caitlin está llevando este caso (a juicio) para exponer los peligros asociados con los concursos de comidas para aficionados y para ayudar a evitar que otras familias tengan que soportar este tipo de tragedia prevenible. Estos concursos son significativamente más peligrosos de lo que la gente cree y es de vital importancia para el público, especialmente para las instituciones educativas, comprender que ciertos alimentos son más seguros que otros y que un poco de previsión puede salvar vidas, literalmente”, dijo la abogada Katie Mesner-Hage en un comunicado enviado a The Washington Post.

Para la familia Nelson, la universidad es responsable por permitir que este tipo de concursos tenga lugar en su campus.

De acuerdo a la demanda, los panqueques se vuelven una “bola densa de pasta” cuando entran en contacto con la saliva u otros líquidos. Este tipo de alimentos están incluidos como peligrosos para darle a los más pequeños en algunos sitios de recomendaciones para padres por el peligro que acarrean en cuanto atragantamiento.

“Una vez que las vías respiratorias de una persona son obstruidas por una masa de pasta macerada de panqueques, el rescate se vuelve exponencialmente más difícil”, señala la denuncia. La familia quiere un pago de 15 mil dólares, no más, para crear consciencia sobre las consecuencias de este tipo de concursos amateurs.

Para la familia de Caitlin, la Sacred Heart University es responsable de no haber investigado bien las consecuencias que un torneo de comer panqueques podría tener para sus estudiantes. Además, la culpan de no tener personal médico apropiado para la ocasión.

Horas de heroísmo

James Nelson estaba evacuando a los trabajadores del piso 27 de una de las dos torres cuando ésta colapsó. Un compañero de trabajo que estaba con él ese día le relató a la familia que Nelson se negó a irse mientras que otras personas estaban aún atrapadas dentro.

“Sólo quería ayudar a la gente”, dijo su esposa en uno de los tributos. “Me dijo: ‘Cuando me vaya de este mundo, quiero saber que hice una diferencia’. Hizo lo mejor cada día que vivió”.

No era la primera vez que Nelson era rescatista en actos de terrorismo. También salvo decenas de personas tras el atentado del World Trade Center en 1993, desafiando al humo negro a pesar de su asma. “Hay que hacer lo que hay que hacer. Había gente adentro”, le dijo a su hermano poco después de ese incidente.

Pero fue su familia la verdadera pasión de su vida. Estaba preocupado por la educación de sus hijas. Quería darles todo. Se ofreció como voluntario para entrenar al equipo de softball de Anne aunque sus deportes habían sido el fútbol americano y la esgrima. Esperaba hacer lo mismo para Caitlin, la menor de ambas.

Roseanne dijo que su esposo a menudo hablaba de crecer sin un padre y que no quería que sus hijos tuvieran que atravesar la misma situación. “Es una gran pérdida para el país y la Autoridad Portuaria. Pero es una pérdida más grande para la familia. Era un verdadero ángel. Era mi mejor amigo”.

Ese “ángel”, ahora está junto a su otro “ángel”. Aquella por la que James se desvivía: Caitlin. Mientras su familia en la tierra aún busca algo de justicia. Entre la tristeza y la indignación.

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