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La inflación controlada

La inflación controlada
Fernando Sibilio

Comparar los estilos vitales de los personajes de Shakespeare y de Kafka, nos permite descubrir la indolente irracionalidad del nuevo modelo de poder político y social, de nuestro país.  El primero es brutal, más el segundo relata una opresión angustiosa y feroz.  Así ocurre con la desmaterialización de las letras, con los informes del crecimiento, con los informes de inflación, con la publicación de los quintiles de la canasta familiar y con las revisiones del Fondo Monetario Internacional y otros organismos crediticios o de calificación financiera.

Pide el FMI, un ajuste de RD$20,000 millones de pesos más, mas, se retira, interrumpe las conversaciones y la revisión de las metas, deja en el limbo el acuerdo, y espera en Washington, que las autoridades monetarias y financieras pongan las cuentas claras, en cuanto a los déficits y los ajustes correspondientes.  Ocurren estos desencuentros para Freud en el inconsciente del individuo, para Nietzche, en el oscuro y laborioso sótano, de los resentimientos, o en la cacería de la voluntad por mantenerse en el poder y para Marx, en el nivel de las relaciones de producción.

Suben de precio algunos productos de consumo masivo, como la harina de trigo, hasta dos veces en un mismo día, que subió en la mañana de 1,000 a 1,300 y en la tarde de 1,300 a 1,600 pesos; RD$600 pesos en un solo día. -Pero, la inflación está controlada.  Eso es el día 7 de Febrero-  Fuera de la maldición especulativa de Enero, que el Banco Central describió como normal.  Aunque, para mantener la estabilidad cambiaria, las autoridades han sacrificado más de US$2,200 millones dólares de las reservas del Banco Central, en los últimos seis años.  Hablamos de más de 80,000 millones de pesos.  Los mismos que se necesitan para renegociar los contratos indecentes de generación eléctrica.

Serviría esa renegociación para quitarle la opresión fatal que ejerce el Fondo Monetario Internacional, sobre las distribuidoras eléctricas, tanto en las contrapartidas fiscales del acuerdo, como en la claridad y justeza de la facturación a los usuarios.  Bajaría la canasta básica y subiría el poder de compra y la confianza de los consumidores.

Suben los medicamentos un 30%, suben los pasajes y los fletes en más de un 25% y los constructores de viviendas desmienten los cálculos que hace el Banco Central del crecimiento de la construcción, suben las pastas y las galletas entre un 15 y un 20%, porque, carecemos de un mecanismo popular o social de contraloría y auditoría social del oficio público, pero, también por la irresponsabilidad de la oposición, la cual solo crece con los errores del Gobierno, jamás, porque merezca la confianza de la población por su competencia política.

Sigue el poder político y social anegado por sus propios prefijos privativos y de soberbia, implacable en las locuras fiscales que le dicta su corazón, dislocado en lo divertido y eficaz en cual le ha ido electoralmente, en el despilfarro lúcido y lúdico de los fondos públicos.  A pesar del embargo de las cuentas bancarias del Ministerio de Obras Públicas, por las deudas con uno de los tantos contratistas, a quienes se les deben decenas de miles de millones de pesos, por concepto de cubicaciones atrasadas.

Identificar el crecimiento económico con la dicha ciudadana o con el placer físico de la sociedad, es una salida tosca de las autoridades monetarias, en la vida voluptuosa de los funcionarios del equipo económico y del Banco Central, en la vida política de los funcionarios de los tres poderes públicos del Estado o en los otros poderes operativos: Lo Municipal y lo Electoral.  También en la vida teorética de los miembros del poder de los cuartos aquellos que, desde el llamado cuarto poder, se encargan de reproducir en los medios       de comunicación el paraíso económico monetario y financiero, en el cual vivimos, que es todo una felonía.

Confunden las autoridades monetarias, financieras y económicas, el honor con la fama en sus informaciones y declaraciones sobre la marcha de la economía dominicana.  Más, cuando todos los políticos persiguen el honor, ese reconocimiento de los ciudadanos en el servicio público, cosa que jamás corroboran los ciudadanos ni los agentes económicos.  Tristemente, y con el uso desaforado de los fondos públicos pagan grandes y costosas campañas publicitarias, buscando la popularidad auxiliándose de evaluaciones ridículas de pregoneros y venduteros de opiniones, o pagando cuñas publicitarias engañosas en los medios de comunicación.

Necesitan negociar la inteligencia de sus informes con los sentimientos de la sociedad, a cerca de la marcha de los asuntos económicos, porque las actividades cívicas de la autoridad, provocan sus descrédito y desprecio colectivo.  Escandalizan los sistemas de producción y provocan valores negativos de los inversores, de los emprendedores y de los inventores, por la ironía y la desconfianza que se apodera de ellos.

Sufren nuestras autoridades de un voluntarismo y de un optimismo bobo, ya que, piden la tolerancia de los empresarios, de los consumidores y de toda la sociedad, frente a la intolerancia y la crueldad en los gastos fiscales, en las estafas tributarias y arancelarias del Ministerios de Hacienda; en los cálculos fraudulentos de los impuestos a los hidrocarburos en las adendas a las leyes contributivas como el ITBIS, por citar algunos casos.

Desmedran el poder de compra de las familias y de las empresas con todas estas alzas generalizadas, mientras conceden más de 100,000 millones de pesos cada año, en exoneraciones, exenciones y subvenciones fiscales, pero, esconden los verdaderos topes de inflación que padece el público.  Sin que todavía se despejen las dudas sube la tasa de cambio en nuestro país, la supremacía de esa moneda frente a la crisis que todavía persiste y gravita sobre nuestra economía, y sin que las autoridades puedan exhibir los conocimientos, los contenidos, la pedagogía y el aprendizaje, de las lecciones de una recesión o del estancamiento real de nuestra economía.

Esperan las empresas, los inversores y los consumidores, que las autoridades monetarias, económicas y financieras, cumplan con el deber y su responsabilidad democrática de cambiar el significado de estos contenidos fiscales inflacionarios y que cambien los mismos procedimientos fiscales, tributarios y arancelarios, que le han dado razones materiales a los impactos nocivos sobre la economía, los salarios y sobre la comercialización de los bienes y servicios que consume la población.

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