La institucionalidad del Estado

Se supone que el Estado está formadopor tres poderes, independiente uno del otro: Ejecutivo, Justicia y Congreso.Ninguno está subordinado al otro. Pero en nuestro país el Ejecutivo se imponesobre los otros, es lo que se llama un sistema presidencialista que anula a losdemás, que es precisamente lo que desea eliminar el presidente Luís Abinaderpara fortalecer el sistema democrático, logrando que las institucionesfuncionen.

El presidencialismo, dice RodrigoBorjas en su famosa enciclopedia política, “es el conjunto de fundamentos ycaracterísticas del régimen presidencial, en que el presidente es, al propiotiempo, el jefe del Estado y el jefe del gobierno y reúne, por tanto, lospoderes representativos inherentes a su primera calidad con los poderespolíticos y administrativos de la segunda”.

Si queremos fortalecer la democraciaen sentido pleno y riguroso, es necesario terminar con el presidencialismo.Cada poder tiene que jugar el rol señalado por la Constitución. El presidentede la República no puede ser “ley, batuta y constitución”, como en ladictadura. Eso ya no es posible, por lo menos en un régimen auténticamentedemocrático.

El presidente designa los jueces,fiscales y determina el presupuesto del sistema judicial. Es dueño del ConsejoNacional de la Magistratura, quitándole su independencia, y por lo tanto supoder. Habría que modificar la Constitución actual para darle al poder judicialsu independencia plena. No basta con designar un Procurador o procuradora“independiente”, cosa que no existe. La independencia la da la ley, no unapersona.

Igualmente el Congreso está sujeto alas decisiones del Ejecutivo, cuando lo controla el partido de gobierno.  No hay contrapeso en ese escenario

No obstante  las facultades del jefe del Estado estánconsignadas en la Constitución, al igual que las de la Justicia y el Congreso.El mandatario no tiene que inmiscuirse en los asuntos de la justicia, ni delCongreso. Sin embargo no ocurre así. Lamentablemente para la democracia que tancara nos sale.

No es el presidente quien nombra losmiembros de la Cámara de Cuentas ni de la Junta Central Electoral, es elSenado. El mandatario no tiene (o no debe tener) “vela en ese entierro”, comodice la gente del pueblo.

El artículo 180 de nuestra CartaMagna dice, en lo relativo a las funciones del Senado: “elegir a los miembrosde la cámara de cuentas de la ternas presentadas por la cámara de diputados,con el voto de las dos tercera parte de los senadores presentes”.

“Elegir a los miembros a la JuntaCentral Electoral y sus suplentes con el voto de las dos tercera partes de lospresentes”. Como puede leerse, el presidente no interviene en esos asuntos, sonatribuciones exclusivas de los senadores. ¿Por qué tiene entonces que elpresidente decidir quien preside y quienes forman parte del órgano que organizay regula las elecciones donde se eligen los funcionarios públicos incluyendo alpropio mandatario?

Si vamos a fortalecer lasinstituciones del Estado, si vamos a respetar la independencia de los poderes,hagámoslo tanto en uno como en otro. Que el Ejecutivo, Judicial y Congresualestén separados. El presidente Luís Abinader cumplió con su promesa de escogerun o una procuradora “independiente”, en lo que no creo, con lo cual la llamadasociedad civil, en la que tampoco creo, porque no se moja el trasero pero secome los mejores pescados, debe sentirse altamente complacida. Hasta ahí lasfunciones del Presidente.

Hace días escribí en mi cuenta detwitter: “No sé cómo “la sociedad civil” se convirtió en un partido políticoque sin estar reconocido como tal y sin ir a las urnas, parece haber ganado laselecciones y el gobierno. (Caso único en la historia)

Un Estado Democrático de Derechocomienza por  respetar y hacer respetarla Constitución de la República en todos sus aspectos, no en los que nosconviene en un momento determinado.