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La izquierda dominicana, el eterno fracaso

La izquierda dominicana, el eterno fracaso
Rosario Espinal

El panorama político dominicano amilana. Dos partidos desgastados compiten por el trofeo constitucional para desfalcar el Estado en el cuatrienio 2012-2016. El tercer partido, antaño mayoritario, se diluyo fuera del poder y se pega como la hiedra a los potenciales ganadores.

El PLD ha devenido en un partido concentrador de poder y traicionero de la ética de su fundador; el PRD es un partido agotado por los fracasos gubernamentales y las luchas intestinas; y el PRSC es una caricatura de partido, minimizado por su propio fundador.

No obstante, estos tres partidos obtendrán más del 90% de los votos el próximo 20 de mayo según pronostican las encuestas. Realmente asombrosa la capacidad de convocatoria electoral que mantienen a pesar de los desafueros. Mueven masas en mítines y caraveneos, y movilizan un alto porcentaje de la población a votar por ellos.

Podríamos señalar el imperialismo, el balaguerismo, el clientelismo, la corrupción, o cualquier otro factor para explicar esta situación. Pero entre las razones hay que incluir el eterno fracaso de la izquierda dominicana para superar el personalismo y su endémico divisionismo.

Si pasamos revista rápida a América Latina, independientemente de los méritos o desméritos de diversos gobiernos, en varios países han surgido movimientos políticos de izquierda que han generado transformaciones importantes.

En Chile, el Partido Socialista en las presidencias de Ricardo Lagos y Michelle Bachelet impulsó cambios significativos a favor de la inclusión social.

En Brasil, país de gran pobreza y desigualdad, los gobiernos del Partido de los Trabajadores en las presidencias de Lula Da Silva y Dilma Rousseff han impulsado amplios programas de reducción de pobreza y mayores niveles de transparencia institucional.

En Bolivia y Ecuador, Evo Morales y Rafael Correa han socavado el poder de las oligarquías tradicionales a favor de políticas más inclusivas y la expansión de derechos.

En cada uno de estos países hay graves problemas y esos gobiernos no están libres de faltas, pero han generado grandes cambios bajo el manto de la izquierda.

En República Dominicana, en más de 30 años de elecciones pluralistas, no ha surgido un gobierno capaz de impulsar cambios sociales significativos que mejoren las condiciones de vida de amplios sectores y avive el optimismo nacional. Todavía se invierte menos del 2% del PIB en educación.

El PRD, partido históricamente de masas, nunca adoptó, ni siquiera en la transición de 1978, un proyecto de vanguardia a favor de los desposeídos y el fortalecimiento de las capas medias. Su populismo devino rápidamente en clientelismo, corrupción, e incoherencias políticas.

Durante la crisis económica nacional e internacional de la década de 1980, se produjo el mayor éxodo de dominicanos hacia el exterior, y a partir de ahí, irse del país es el anhelo de muchos. Las yolas son testigos.

El PLD, partido que nunca fue de masas, fue capturado tempranamente por la derecha dominicana, pacto que formalizó Joaquín Balaguer en el llamado Frente Patriótico de 1996.

Con Juan Bosch en declive físico y mental, los principales dirigentes peledeístas apostaron al poder y a su enriquecimiento a cambio de mantener intactos los privilegios de los sectores conservadores del país.

Huérfanos de liderazgo ante la muerte de sus caudillos, los balagueristas y peledeístas asumieron a Leonel Fernández como el nuevo líder.

Llegamos al 2012 con la elección presidencial número 10 desde la transición de 1978, sin una opción unificada de izquierda con posibilidades de triunfo. Ni siquiera se vislumbra que obtengan más del 5% de los votos los tres candidatos que se considerarían de izquierda: Guillermo Moreno, Max Puig y Julián Serulle. Una lástima histórica.

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