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La marihuana legal

La marihuana legal
Fernando Sibilio

Fernando-sibilioPiden Organizaciones Civiles la legalización del consumo de la marihuana, pero el Procurador aboga por la despenalización del consumo. Dos planteamientos basados en la doctrina académica, que privilegia el deseo y coloca en un segundo plano el deber.

Comprender estas propuestas requiere, detenerse en las posibilidades del consumo de la marihuana, como problema teórico o como demanda política práctica. Si el consumo de la marihuana fuese un asunto teórico, con legalización estaría resuelto el problema. Pues con conocer la solución, los problemas teóricos quedan resueltos, cosa difícil en nuestro caso.

Resulta fácil, para Casa Abierta y para el Procurador, ofertar soluciones teóricas o académicas, para un problema práctico tan serio, como es el consumo de la marihuana, una demanda política, pues se trata de la demanda más compleja de todo individuo, vivir. Consumir marihuana tiene que ver con la vida de las personas, una demanda de la política y, por tanto, una solución práctica.

Busquemos soluciones prácticas, orientales a la reducción de riesgos en las influencias temperamentales de las personas, como: La inclinación por experiencias de nuevas emociones, la impulsividad que lleva a los individuos a imitar novedades del entorno y la falta de voluntad o la incapacidad por soportar la vida rutinaria o el aburrimiento: Estudiemos las afecciones y las tendencias sociales aprendidas como la impotencia, la quiebra de la autoestima y el desvalimiento. Sentimientos que convencen al individuo de que sin la droga, carecen de poder y alienta para levantar su carácter o su personalidad, frente a los desafíos y dificultades.

Consideremos la inteligencia política de estos dos planteamientos, contrastándolos con el objetivo de toda inteligencia: Cambiar el comportamiento. Si despenalizamos o legalizamos el consumo de la marihuana, podemos asegurar con ello un cambio de conducta de los consumidores de la hoja. Con esta decisión legal, cambia la conducta de los productores frente a los consumidores, que son sus clientes y sus víctimas. Al crear la ley de despenalización, el Estado cambiaría su comportamiento fiscalista, de solo procurar impuestos por el consumo de marihuana, mientras se desentiende de sus obligaciones democrática, en prevenir los daños sanitarios y colaterales sobre los adictos y sus familias, y de los controles democráticos o burocráticos en el negocio.

Examinemos lo que pasa con la legalización del alcohol y de otras sustancias psicotrópicas. Están legalizadas y despenalizadas. Se venden por doquier, y hagamos el mismo ejercicio de inteligencia con estas decisiones legales, en favor de estas sustancias.

Cambiar la conducta y el comportamiento de los consumidores de Alcohol o de las Benzodiacepinas para que reduzcan su consumo, ha sido infructuoso, cada momento hay más consumidores enganchados, pues la promoción, la propaganda, la publicidad y las relaciones públicas, de estas empresas es inatajable para el estado. Con la legalización ha sido imposible contralar los delitos de falsificación, caducidad y adulteración de estas sustancias, por parte de fabricantes, delincuentes y traficantes. Entonces, ¿Dónde está el beneficio de la legalización?

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