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La mejor y más contundente respuesta

La mejor y más contundente respuesta
Mario Rivadulla

Sin dudas el fin de semana cayó como balde de agua helada el úkase del Senado de Haití dando un plazo de 24 horas para el retiro de los militares dominicanos que acompañaron en custodia el extenso convoy de camiones cargados de alimentos, medicamentos e implementos enviados de urgencia como ayuda humanitaria al territorio vecino. Fue como una bofetada en el rostro de un vecino tan solidario en esta ocasión como lo fue cuando el seísmo que redujo a escombros gran parte de Puerto Príncipe, dejó un saldo de cientos de miles de muertos y millón y medio de damnificados.

La vigilancia al convoy estaba más que justificada. El propio Secretario General de las Naciones Unidas había externado quejas debido al asalto sufrido por el envío humanitario de una institución internacional a uno de los sitios más afectados. Imágenes de televisión e Internet y fotografías en la prensa escrita registran también testimonio de exaltados grupos, donde se entremezcla la angustia de los damnificados con el voraz vandalismo de los oportunistas que medran en toda tragedia, tratando de apoderarse de las cajas de donativos.

Ante la afrenta esperábamos con impaciencia la reacción del gobierno dominicano. No fue necesario que esta se manifestara. Por nosotros, la oportuna respuesta vino del otro lado de la frontera y al más alto nivel. Fue la mejor y más contundente El presidente Privert se comunicó telefónicamente con el Canciller Vargas Maldonado para reconocer y agradecer nuestro gesto solidario. Pero llegó a más al enfrentar y descalificar a los senadores autores del insólito hecho, a los que llamó “hipócritas”, al tiempo de afirmar que siempre que su pueblo lo requiera solicitará nuestro concurso. Es la voz de Haití que deseamos escuchar siempre.

Es evidente que detrás de esa acción irreverente y grosera, se mueven intereses ocultos. Además de correr la absurda versión de que la presencia militar dominicana era el preludio de una invasión armada, se apeló también al ridículo argumento patriotero de que constituía un atentado a su soberanía –un territorio que lleva años intervenido militarmente por la Minustah.

La verdadera pista salió a flote cuando, entre uno y otro argumento, emergió el real: que queríamos aprovechar el envío para promover la introducción de productos dominicanos al mercado haitiano. No hacían falta más palabras, magistrado. Es la mafia de negociantes especuladores haitianos que en complicidad con intereses extranjeros quieren monopolizar el mercado. Ávidos de enriquecimiento, poco les importa la angustiosa situación de los damnificados.

Pero al parecer detrás de esta acción insólita, existe también otro componente, este de carácter político. Entre los candidatos a la presidencia en las dilatadas y ahora por razón válida nuevamente aplazadas elecciones, la postura más agresiva contra el país fue asumida por el candidato prohijado por el ex presidente Michel Martelly. Este, ungido como jefe de estado, un traje a todas luces demasiado ancho para su mentalidad de actor de vodevil, dedicó toda su gestión a destilar odio y promover la más vergonzosa campaña internacional de descrédito contra el país.

Es este mismo candidato marioneta el que su “padrino político” quiso convertir en su sucesor mediante toda una serie de maniobras tortuosas en unas elecciones tan claramente fraudulentas, que debieron ser anuladas, echando por la borda una inversión de cien millones de dólares, dar lugar a un gobierno provisional, precisamente el que preside Privert y obligar a la organización de un nuevo proceso electoral que es el que está pendiente de celebrarse. Al parecer para tratar de compensar su bajo nivel de respaldo público, ha apelado al perturbador y abusado recurso de defender la soberanía supuestamente amenazada por el hostil y peligroso vecino dominicano.\

Son voces aisladas e interesadas, sobre cuyos autores es saludable tomar buena nota. Pero en modo alguno deben enturbiar las relaciones entre nuestros pueblos. El de Haití es simplemente un pueblo que suma un infortunio tras otro y que ahora reclama ayuda solidaria.

Y si, debemos seguirla prestando y debemos airearla, con perdón del respetado Hugo Tolentino Dipp, quien reclama mantenerla a nivel público discreto, en tanto reprocha al gobierno no haberla negociado con el debido tacto. Salvando la distancia que nos separa de su

probado intelecto y vasta experiencia política, en especial como ex canciller, discrepamos de su opinión. La ayuda se trató al más alto nivel, entre ambos mandatarios y cancilleres, salvando quizás engorrosos protocolos diplomáticos que entendemos no procedían ante la imperiosa necesidad de ayuda de los damnificados.

Y sí, creemos que vale darla a conocer. Sin humillar al vecino, que la ha reclamado públicamente, debemos llevarla a conocimiento por los canales diplomáticos, en forma directa, objetiva y sin fanfarria de la OEA, la ONU y a través de nuestro cuerpo de embajadores a los gobiernos ante los que están acreditados. Porque nadie lo hará por nosotros, comenzando por quienes desde fuera y desde dentro nos crucifican de continuo y nos cuelgan el estigma de “racistas y genocidas” y que ahora, ante este grosero e injusto desplante de xenofobia antidominicana no han dejado sentir siquiera un leve murmullo de protesta.

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