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La necesidad y la lealtad a Chávez minan paro contra Maduro en zonas pobres

La necesidad y la lealtad a Chávez minan paro contra Maduro en zonas pobres
La necesidad y la lealtad a Chávez minan paro contra Maduro en zonas pobres

Marcel Gascón Barberá


CARACAS, Venezuela.- La necesidad y la lealtad al difunto presidente Hugo Chávez minan en los barrios pobres de Caracas el seguimiento al paro general de dos días con que la oposición venezolana presiona a partir de hoy al Gobierno para que retire la Asamblea Constituyente que ha convocado.


Como ya ocurrió en la huelga del jueves pasado, las zonas de clase media y alta donde el antichavismo es hegemónico eran hoy prácticamente peatonales, con el tráfico rodado limitado a las motos que subiéndose a las acera sorteaban los obstáculos de la calzada.

Pese a que la Constituyente parece inspirar pocas pasiones, la situación era diferente en las partes deprimidas de la ciudad, donde la circulación fluía sin complicaciones -más despejada de lo habitual- y la mayor parte de los negocios y los vendedores ambulantes seguían operando pese a la menor afluencia de personas en las calles.

Esa era la situación en lugares como Catia o La Vega, en el oeste de Caracas, donde el apego a veces sentimental al chavismo, las estrecheces económicas y la propia densidad de estas barriadas ha llevado a muchos comerciantes y trabajadores a no sumarse al paro contra la Asamblea Constituyente que debe elegirse el domingo.

“Estoy de acuerdo con el paro, pero el lunes ya fue feriado y no podemos permitirnos cerrar todo el día”, dice a Efe Gerson Montilla, encargado de una tienda de bicicletas. A pocos metros espera a que se le llene el vehículo un conductor de autobuses, que invoca las mismas razones monetarias para explicar porque sí ha ido a trabajar.

También en La Vega se gana la vida con su quiosco Alexander Amarista, un joven que se declara chavista pese a no mostrar entusiasmo por Maduro. “El Gobierno está intentando hacer algo para salir de esta; la oposición solo quema autobuses, clínicas y destruye”, afirma al mostrar su disconformidad con el paro.

Amarista dice que nadie va a poner comida en su mesa si cierra dos días su quiosco, y, empleando el término despectivo con que Chávez designaba a sus detractores de buena posición social, culpa a los “empresarios ‘escuálidos'” de la “guerra económica” que a su juicio provoca el desabastecimiento y la inflación galopante en Venezuela.

Una mujer mayor, clienta del quiosco y vecina de La Vega, entra en la conversación y coincide con el joven al explicar el éxito del paro en las áreas más prósperas de Caracas.

“Allí ellos pueden hacerlo porque no tienen tanta necesidad”, la mujer, que rechaza la medida de la huelga pese a estar en contra de Maduro y la Constituyente con que busca elaborar una nueva Carta Magna.

Incrustada en el este por lo general acomodado está la favela de Petare, la más grande de América Latina y escenario en las últimas semanas de enfrentamientos entre vecinos que quieren la salida de Maduro y miembros de la Policía militarizada.

Más comercios han bajado las persianas en Petare, que, aunque rebajado por los efectos del paro, mantiene su característico bullicio de motos, automóviles, vendedores callejeros de fruta y vecinos que caminan.

“No es que la gente no proteste, pero vive en casas pequeñas y tiene que salir a la calle”, dice una residente, comparándolas con los apartamentos y casas más grandes donde sí se han quedado muchos vecinos de la Caracas más rica.

Preguntado sobre el relativo seguimiento del paro, otro vecino señala al pasillo que da entrada a una especie de patio, donde según él tienen su base de operaciones los temidos “colectivos”.

Estos grupos a veces armados dicen “defender la Revolución” chavista en los sectores más populares, y han sido acusados de atacar e intimidar a opositores y vecinos descontentos en lo que ven como sus feudos.

Justo enfrente de la montaña atestada de casitas en Petare tiene su tienda de colchones Hasan, un comerciante de origen sirio que ha abierto hoy porque esperaba a unos mecánicos para hacer reparaciones.

“Cuando terminen cerraré. Una huelga no tumba gobiernos, pero hay que apoyar”, dice, y responsabiliza a Maduro de la “destrucción de la clase media” y de la explosión de los precios con la brutal depreciación del bolívar.

Hassan lamenta que la crisis haya obligado a emigrar a parte de los empresarios de la comunidad árabe- “en unos pocos años han perdido lo que construyeron en 40”-, y dice sobre sus anhelos de cambio: “solo queremos vivir como antes”.

Este empresario ve las calles más vacías que otros días, y cuenta que asociaciones de comerciantes de Petare sí se han sumado a la huelga.

Imágenes de la Virgen María y fotos de Hugo Chávez con el presidente sirio, Bachar al Asad, decoran la tienda de Hassan, que se queja de Maduro y no esconde su añoranza del iniciador de la Revolución en Venezuela: “Chávez era otra cosa. Tenía grandes ideas, las sacaba adelante, tenía soluciones”.

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