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La ONU analiza el drama de los niños soldados con testimonio de exreclutado

La ONU analiza el drama de los niños soldados con testimonio de exreclutado
La ONU analiza el drama de los niños soldados con testimonio de exreclutado

13interxxx005_big_tpNACIONES UNIDAS.- El congoleño Junior Nzita trajo hoy a la ONU un testimonio propio sobre el drama que viven niños de todo el mundo reclutados a la fuerza por grupos armados que les roban la infancia para sumarlos a los horrores de la guerra.

Nzita, de 30 años, se presentó hoy ante el Consejo de Seguridad de la ONU con una camiseta negra con grandes letras blancas que decían «Enfants, pas soldats» («Niños, no soldados», en francés) para hablar de su caso y de lo que debe hacerse para evitar que se repita.

Fue reclutado cuando tenía 12 años por un grupo armado en Kivu del Norte, una provincia de la República Democrática del Congo (RDC) fronteriza con Ruanda que es rica en minerales y que lleva sufriendo conflictos armados esporádicos desde el siglo pasado.

A Nzita se lo llevaron de la escuela, junto con otros alumnos, para, como dijo hoy, «hacer la guerra» con el fin de derrocar al dictador Mobutu Sese Seko, presidente de Zaire (ahora RDC) desde 1965 hasta 1997.

«Algunos murieron, cometimos pillaje y destruimos infraestructura útil para la población (…). Terminamos con la vida de inocentes sin razón. Quiero reiterar mis disculpas por todo el mal que hicimos a mis semejantes», dijo hoy.

«Todavía me arrepiento», afirmó.

Junior Nzita habló en una reunión del Consejo de Seguridad convocada para analizar el tema de los niños soldados y la violación de los derechos de los menores en países en conflictos armados. En la sesión pidieron el turno ochenta oradores.

Según afirmó el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, hay actualmente 15 millones de niños en todo el mundo que se han visto directamente afectados por la violencia en zonas de conflictos armados.

«El aumento del extremismo violento en zonas de conflicto es particularmente inquietante», afirmó, y recordó que los niños que están en riesgo son muchos más, porque en las zonas de conflictos armados viven unos 230 millones de menores.

«Los autores de las violaciones (de los derechos contra los niños) en los conflictos armados son cada día más diversos y brutales», insistió, y recordó los casos de Boko Karam en Nigeria y del Estado Islámico (EI).

«Desde el noreste de Nigeria hasta Irak, Sudán del Sur o Siria hemos sido testigos de una ola de secuestros de ese tipo utilizados para aterrorizar y humillar a comunidades enteras», agregó el secretario general de la ONU.

«Los niños del mundo deberían ser estudiantes, no soldados», recalcó.

Ban recordó que el Consejo de Seguridad de la ONU lleva dieciséis años aprobado resoluciones para construir un «marco sólido» que permita mejores herramientas para trabajar con gobiernos y actores no estatales para que no haya más niños soldados.

Citó entre esos programas la campaña «Niños, no soldados», el lema que llevaba hoy en su camiseta Junior Nzita, un programa que fue lanzado el año pasado y que busca terminar con el reclutamiento de menores por ejércitos regulares antes de que acabe 2016.

Ese programa, por ejemplo, ha permitido a Chad salir de la llamada «lista de la vergüenza» y que incluye a países en los que existe un reclutamiento forzoso de menores.

Pero, en cambio, como recordó en la misma reunión la enviada especial de la ONU para niños en conflictos armados, la argelina Leila Zerrougui, en algunos países como en Sudán del Sur y en Yemen, los datos indican que hay un retroceso en ese tema.

Los menores, reconoció Zerrougui, no sólo son víctimas del reclutamiento de los grupos armados, sino de la «incapacidad» de la comunidad internacional para protegerlos.

Junior Nzita estuvo vinculado durante diez años al grupo armado que lo reclutó, con distintas funciones, y hoy recordó que hizo la guerra durante tres años, hasta que «la providencia» hizo que en 2006 fuera desmovilizado.

Presidente de la ONG «Paz para la infancia», Nzita lleva años trabajando para sumar a más niños a los programas de integración a la sociedad tras haber participado en conflictos armados y, como dijo hoy, a «construir un futuro mejor» para su país.

«Ser un niño soldado es arrancarle la vida a un menor e imponerle la de los adultos», le dijo Nzita al Consejo de Seguridad de la ONU.

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