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La operación Bin Laden marcó un punto de inflexión entre Pakistán y EE.UU.

La operación Bin Laden marcó un punto de inflexión entre Pakistán y EE.UU.
La operación Bin Laden marcó un punto de inflexión entre Pakistán y EE.UU.

Islamabad.- La muerte, hace un año, del líder de la red terrorista Al Qaeda, Osama Bin Laden, a manos de un comando estadounidense sumió las relaciones entre EE.UU. y Pakistán en uno de sus momentos más bajos y ahondó en la crisis institucional que sufre el único país islámico con armas atómicas.

El líder de Al Qaeda se escondía en una finca de la ciudad de Abbottabad, a unas tres horas en coche de la capital paquistaní, Islamabad, y allí fue sorprendido por 23 miembros de la unidad de elite de la Marina de EEUU Navy SEALs que entraron desde Afganistán en dos helicópteros sin ser detectados por los radares paquistaníes.

En una operación que tuvo en vilo a la cúpula política y militar de Washington, los comandos dieron muerte a Bin Laden y, de acuerdo con la versión oficial, arrojaron su cadáver al mar.

La jugada, realizada con mucha precisión, dejó en total fuera de juego al aparato de seguridad paquistaní, que reaccionó airado por la falta de confianza de sus homólogos estadounidenses.

Por su parte, las suspicacias de Washington hacia su supuesto aliado aumentaron al saberse que Bin Laden vivió durante años a un centenar de kilómetros de Islamabad y a tiro de piedra de la principal academia de cadetes del Ejército de Pakistán.

“Las relaciones entre Washington e Islamabad nunca volverán a ser iguales y aunque ambas partes están en proceso de revisión no podrán volver adonde estaban hace un año”, dijo a Efe Amina Khan, del “think tank” paquistaní Instituto de Estudios Estratégicos.

“Pakistán se sintió atacado en su soberanía y ese incidente elevó la tensión con EEUU como pocas veces antes”, manifestó la responsable del International Crisis Group en Pakistán, Samina Ahmed.

Ambas analistas coinciden en que la eliminación de Bin Laden fue uno de los factores más importantes para explicar el deterioro de las relaciones entre EEUU y Pakistán en 2011, pero no el único.

“En febrero ya se había dado el incidente de Raymond Davis (espía norteamericano que fue detenido por causar la muerte de tres personas en la ciudad oriental de Lahore) y luego ocurrió la muerte de 24 soldados paquistaníes a manos de la OTAN”, recuerda Khan.

El ataque de varios helicópteros de la misión de la Alianza Atlántica en Afganistán mató accidentalmente a los militares paquistaníes en un puesto fronterizo en noviembre y eso desgarró aún más las tambaleantes relaciones con Washington.

“El ejército paquistaní aprovechó esa nueva afrenta para sacar toda su rabia contenida contra EEUU y forzó al poder civil a tomar medidas concretas, como el cierre de rutas de suministro de la OTAN y la evacuación de la base militar de Shamsi (oeste)”, afirmó Khan.

El efecto de la operación contra Bin Laden tuvo, para algunos analistas, un efecto de cohesión entre las fuerzas armadas y el Ejecutivo, que a pesar de sus continuos desencuentros, reaccionaron de forma unitaria en sus protestas ante la Casa Blanca.

“Es innegable que hay una brecha entre los poderes civil y militar, pero no se puede achacar a lo que pasó con Bin Laden, sino a que el proceso de transición democrática en este país aún es joven y a que el Ejército quiere tener un papel en él”, afirmó Samina Ahmed.

El momento de mayor tensión entre ambos estamentos se inició a finales de 2011 a cuenta del escándalo provocado por una supuesta nota secreta que el presidente paquistaní, Asif Alí Zardari, envió al Pentágono avisando de un posible golpe de estado en Pakistán.

La nota, cuya existencia no está probada, se hizo llegar presuntamente a través del entonces embajador de Pakistán en Washington, Hussain Haqqani, al entonces jefe del Estado Mayor Conjunto de EEUU, Michael Mullen, una semana después de la operación contra Bin Laden.

Según la prensa, que ha denominado al asunto “memogate”, la muerte del líder de Al Qaeda puso en el disparadero a la cúpula del Ejército paquistaní e hizo despertar rumores de que podría maquinar un golpe de Estado.

Un efecto derivado del flagrante fallo en los sistemas de seguridad del país fue la desconfianza que se generó en diversos sectores del país sobre el papel de los servicios de inteligencia y el Ejército.

La pregunta de cómo podía uno de los hombres más buscados del mundo pasar desapercibido se volvió contra el espionaje y los militares, que, según Amina Khan, “intentaron tapar ese debate con sus protestas por la violación de soberanía por parte de EEUU”.

Las complicadas relaciones del poder civil con el estamento castrense, que ha gobernado Pakistán durante más de la mitad de su historia, han continuado lastrando al país y han debilitado la ya inestable posición del Ejecutivo y del presidente Zardari.

Este jueves el Tribunal Supremo ha asestado otro golpe al Gobierno del Partido Popular de Pakistán (PPP) liderado por Zardari con la condena por desacato del primer ministro, Yusuf Razá Guilani, que podría desembocar en su inhabilitación.

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