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12 Abril 2024

La petite histoire

Le “tiró” a Reagan un documento de los servicios de inteligencia dominicanos advirtiendo sobre violencia programada una vez se efectuase el ajuste. No me olvido de la expresión de sorpresa de George P. Schultz, el canciller.

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Entre historiadores “la petite histoire” se refiere a datos principalmente anecdóticos, basados en historia oral sobre asuntos que realmente influyeron mucho en sucesos históricos importantes, pero que pocas veces son mencionados en los libros de historia.

Un ejemplo trata sobre la primera y hasta ahora única visita de Estado de un presidente dominicano a Washington, la de Salvador Jorge Blanco en abril de 1984. Como historiador especulé que tal vez el nuestro era el único de América Latina cuyo presidente no había sido invitado a ese tipo de visita. Es muy diferente a una simple reunión con el presidente norteamericano, pues consta de varios días en ese país, cena en la Casa Blanca, discursos de ambos presidentes, desfiles, contactos con congresistas, etc. Sabía que el presidente haitiano Lescot había visitado a Roosevelt y presumía que le tomaría bastante tiempo a funcionarios del departamento de Estado averiguar si lo que yo decía era o no cierto, pero se dio inicio a una campaña para lograrla. En 1983 vino una delegación congresual norteamericana para ver si procedía la Iniciativa para la Cuenca del Caribe (ICC) que incluyó a los congresistas Dan Rostenkowski de Chicago y Charles Rangel de Nueva York. Ambos cabildearían a favor de la visita.

El encuestador de Jorge Blanco, Mark Penn, de apenas 28 años de edad, me informó que ellos no eran cabilderos y que debíamos contratarlos para lograr la visita. Nos sugirió a un joven de 34 años, Paul Manafort. Jorge Blanco me preguntó cómo sabíamos que era influyente y no tuve respuesta. Entonces dijo que en Santo Domingo alguien con acceso al antedespacho del presidente es influyente y como tenía una cita con Reagan para promover la ICC, me instruyó solicitar a Manafort que estuviera en el antedespacho cuando él llegase. Y allí  apareció. Se le contrató junto con su socio Roger Stone.

Una vez confirmada la visita de Estado eso provocó que se pospusieran medidas desagradables bajo el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) hasta después de la misma, pues el propósito era solicitar US$100 millones para subsidiar la comida y la gasolina que serían pasados de la paridad oficial de un dólar por un peso, al mercado libre y paralelo y así evitar la inflación. Ese sistema de tipo de cambio único y flotante se mantiene desde 1984, es decir desde hace 38 años.

Antes de la delegación dominicana entrar al despacho del presidente Reagan uno de sus asesores me informó que solo conseguiríamos catorce millones. Jorge Blanco en la larga mesa del gabinete literalmente le “tiró” a Reagan un documento de los servicios de inteligencia dominicanos advirtiendo sobre violencia programada una vez se efectuase el ajuste. No me olvido de la expresión de sorpresa de George P. Schultz, el canciller norteamericano. Horas antes Reagan había solicitado a Jorge Blanco que en sus palabras apoyara su gestión a favor de los contras en Nicaragua, pero este evadió el asunto diciendo que su discurso ya estaba redactado y tenía que ver con la influencia de la Constitución norteamericana sobre la dominicana.

Cuando las medidas fueron anunciadas se iniciaron las manifestaciones y pronto la policía admitió que no podía contener a las turbas, apelándose entonces a un ejército entrenado para luchar contra guerrillas y que tan solo sabía tirar para matar. Según la prensa dominicana de entonces varias docenas murieron.

El congresista Rostenkowski en 1996 fue a la cárcel acusado de corrupción pero en el 2000 Clinton lo perdonó. Rangel en el 2007 logró encabezar el poderoso Comité de Medios y Arbitrios y fue atacado por sus colegas y a finales del 2010 fue censurado por ellos. En el 2017 decidió no aspirar a la reelección siendo sustituido por Adriano Espaillat, de origen dominicano. Manafort, durante el gobierno de Trump fue condenado a 40 meses en prisión federal por no registrarse como agente de gobiernos extranjeros y tan solo obtuvo su libertad, junto con Roger Stone, también condenado, cuando fueron amnistiados por el presidente Trump, durante los últimos días de su mandato.

Salvador Jorge Blanco fue acusado en 1986 de conspirar para derrocar al gobierno de Balaguer y de malversación de fondos. Fue encarcelado, no logró asilo en la embajada de Venezuela y después de un episodio cardíaco pudo ir a Estados Unidos.

Y así termina esta “petite histoire”.

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