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La protección a envejecientes

La protección a envejecientes
Mario Rivadulla

En lo que cursa del presente año, el departamento jurídico del Consejo Nacional de la Persona Envejeciente (CONAPI) ha registrado alrededor de setecientas denuncias de abusos contra personas de avanzada edad.  Posiblemente casi la totalidad, proceden del entorno familiar y obedecen a las mas diversas razones, en no pocos casos vinculadas a fines de aprovechamiento económico, ya sea el cobro de la pensión, el ingreso obtenido por el alquiler o la venta de inmuebles y otros bienes del afectado, a veces el traspaso de la propiedad de los mismos.  O sea, el cobro de la herencia en vida del testador, aprovechando que no se encuentra en plena posesión de sus facultades mentales.

 

Según revela la directora de dicho departamento, doctora Carmen Ortíz, en declaraciones al Listín Diario, desde que CONAPI fue creado se han recibido más de diez mil denuncias de abusos contra envejecientes.  Nueve de cada diez han sido judicializadas, y en buena medida resueltas favorablemente para los afectados.

 

Muchos ancianos al llegar a la edad provecta en que se ven aquejados por los achaques  y enfermedades propios de la edad, son considerados por sus propias familias como un estorbo al que es preciso mantener arrumbado como un mueble viejo e inservible, una molestia y un dolor de cabeza del que es preciso librarse.  No solo reciben atenciones precarias sino que se les priva de toda manifestación afectiva.

 

Acogerlas, salir en defensa de sus derechos, reubicarlas en  aquellos casos en que resulta de imposible convivencia con la familia, ha sido tarea primordial de CONANI.  A través de su programa de Acogida de Adulto Mayor, casi mil quinientos han sido rescatados de las calles, hogares y hospitales donde se encontraban en estado de total abandono.

 

Tal como advierte su directora general la función de CONANI se extiende mucho más allá.  Su misión es de mayor alcance en la medida en que procura  dar sentido de utilidad a la existencia de los adultos mayores a través de los programas integrales que lleva a cabo la institución.  Es como insuflarles un segundo aire a sus vidas.  Más de 309 mil han podido sentir que siguen siendo útiles y recobrar su dignidad como seres humanos.  Adicionalmente, la institución ha logrado la acogida de unos 695 mil adultos mayores en el plan de salud subsidiado a través de SENASA.

 

Al margen de CONANI como entidad oficial, en el área privada cabe destacar la labor desplegada por su parte por la Fundación Manos Arrugadas, donde se vuelca la generosidad de personas que ofrecen su aporte, ya sea a través de contribuciones económicas, ya de su tiempo y dedicación.

 

De su iniciativa ha partido la propuesta de llevar a la Cámara de Diputados un anteproyecto de ley para la creación por parte del Estado del Plan Nacional de Longevidad, a fin de brindar protección a adultos mayores cuyos años postreros de vida transcurren en extrema pobreza y marginalidad.  La entidad estima en no menos de un 8 por ciento la cantidad de envejecientes que se encuentra en esa situación.

 

La misma va acompañada de otra pieza mediante la cual se obligaría a los hijos a hacerse cargo de la asistencia de los padres, bajo amenaza de sufrir pena aflictiva de un año de prisión.  Sin embargo, así como consideramos la primera merecedora de inmediata acogida y tratamiento de urgencia, nos luce que la segunda requeriría de una más cuidadosa evaluación.

 

No creemos que en el orden práctico, un hijo pueda brindar asistencia adecuada a sus progenitores que además de atenciones materiales requiere de un endoso afectivo, el cual resultaría difícil por no decir imposible de otorgar bajo amenaza compulsiva de prisión. La convivencia en tales casos sería en extremo problemática, sobre todo para el envejeciente.

 

El enfoque tiene que ser educativo, no represivo. Crear conciencia de que el adulto mayor no es mueble deteriorado que se desecha por inservible, sino un ser humano, que además, puede todavía en muchos casos ser útil a la familia, a la sociedad y a sí mismo.  Y, sobre todo, recordar que ese anciano que usted maltrata y humilla hoy, es el que usted será mañana cuando le llegue el inexorable momento biológico de envejecer.

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