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La revisión del Dr-Cafta

La revisión del Dr-Cafta
Mario Rivadulla

 

El presidente ejecutivo de la Junta Agroempresarial Dominicana, Osmar Benítez, ha declarado que el Presidente Danilo Medina es partidario de que se gestione la renegociación del tratado de Libre Comercio con Centroamérica y los Estados Unidos.

En este mismo orden, el presidente de COFENAGRO, Eric Rivero, da cuenta de que una comisión de productores agropecuarios dominicanos visitará países centroamericanos con la finalidad de buscar apoyo para plantear la revisión al gobierno estadounidense. Esto así, porque tal como ya habíamos señalado en un comentario anterior sobre este importante tema, la solicitud de modificación no puede ser hecha por la República Dominicana ni ningún otro país de manera individual, sino en forma colectiva. Las posibilidades de éxito de su gestión, es de suponer, estarán en relación directa a que su agricultura resulte igualmente afectada por la competencia desigual y en alto riesgo de sobrevivencia.

Con respecto a la revisión del tratado hay opiniones encontradas, dependiendo del grado de beneficio o perjuicio que se derive del mismo para cada sector de la economía. Los industrias de zona franca, por citar un caso específico, apoyan la vigencia del mismo porque entienden que les favorece.

Muy distinta es la situación de los cosecheros y ganaderos afectados por la desgravación de los productos extranjeros, principalmente de los Estados Unidos, que al gozar de fuertes subsidios y beneficios de que ellos carecen, les plantean una competencia desleal y ruinosa, que privaría al país de la indispensable base productiva para garantizar su Seguridad y Soberanía Alimentaria.

Demás está señalar que por nuestra parte estimamos se trata de un tema de la más alta prioridad. Sin lesionar los beneficios que estén recibiendo otros sectores de la economía, tenemos que quebrar lanzas a favor del importante sector agropecuario, que aporta una parte sustancial del PIB, ocupa un elevado porcentaje de mano de obra y, lo que es de más tomar en cuenta, a diferencia de la minería, por citar solo este caso, es una fuente permanente, renovable, inagotable e indispensable de producción de alimentos, trabajo y riqueza.

Pero de escaso o ningún valor lograr modificaciones que garanticen la sostenibilidad de la agropecuaria, si al mismo tiempo no damos los pasos necesarios para elevar al máximo posible los niveles de eficiencia y competitividad del sector. En todos los años que median desde la firma del DR-CAFTA es poco lo que se ha hecho en este sentido. En todo caso, mucho menos de lo requerido.

No es posible competir con una agricultura de subsistencia. Ni con ganadería de inferior calidad. Los elevados costos del transporte, del combustible, de la electricidad, la excesiva burocracia son una traba para el desarrollo del sector. Se necesita llevar tecnología de punta hasta el último sembrado del país. Mantener un estricto control sanitario para evitar las plagas. Asegurar salida rápida y económica al mercado y los puertos de embarque para la exportación. (De ahí la importancia de modernizar el excelente puerto de Manzanillo). Aumentar la producción y la productividad. Incentivar a los productores. Mayores facilidades de crédito a tasas más bajas. Garantizar las cosechas.

De lo contrario, aún cuando logremos el apoyo de los demás países firmantes y se pueda vencer la resistencia del gobierno estadounidense a modificar un tratado que le está resultando tan rentable, el sector agropecuario seguirá quedando en alto riesgo frente a la abrumadora competencia de una economía de escala que además, con mucha mayor conciencia de su importancia que nosotros, protege y estimula su producción agrícola con subsidios por decenas de miles de millones de dólares anuales. Un verdadero tsunami.

Como hemos señalado en otras ocasiones y años atrás al ser convocado de manera informal para rendir un informe sobre el tema ante una comisión de senadores, lo que provocó risas pero lamentablemente no condujo a acciones correctivas, es equivalente a un desigual combate de león a mono amarrado. Y no cuesta trabajo imaginar a quien le correspondería este último y triste papel.

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