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La situación de las mujeres marca la dirección en que sopla el viento

El trabajo de cuidar a otros es poco valorado y son estas personas, las cuidadoras,  las encargadas de velar por nosotros y nuestros seres queridos.  Serrat nos recuerda : “ …Si todos entendiésemos que todos, llevamos un viejo encima”.

A Las mujeres se les ha asignado el rol de cuidadoras por excelencia. Esta designación se sustenta en un modelo jerárquico de hombre-mujer fundamentado en la biología. “Si las mujeres llevan los bebes en su vientre, les corresponde cuidarlos”.  Pero a las mujeres les toca cuidar a toda la especie humana, desde los hijos, hermanos, padres, abuelos y los enfermos de todos .

¿Que es cuidar? Cuidar es tener empatía, prever las necesidades físicas y emocionales, es escuchar, prestar atención, responder con integridad  y respeto,  es tocar, sentir su dolor, sus miedos, sus angustias, es ofrecer tranquilidad, y paz en la enfermedad.  Cuidar es entrar en contacto con nuestros semejantes. Cuidar es ayudar a que la otra persona llegue a cuidarse y a responsabilizarse de sus necesidades, de su propia vida.

En una sociedad machista los trabajos del ámbito privado no son para los hombres, ellos pierden la posibilidad de cuidar; y con ello la satisfacción  y alegría que proporciona ocuparse de los hijos e hijas. Disfrutar ofreciendo desde los cuidados básicos de  higiene hasta acompañarlos cuando están enfermos; estos  momentos se graban. Las caricias sanan.

Cuidar a nuestros  viejos proporciona paz, una tranquilidad que nos reconforta cuando ellos y ellas deben entregar el equipaje.  Al cuidarlos preparamos un duelo saludable, sin preguntas pendientes por hacerles cuando ya sus cuerpos no estén.

Expresar las emociones de manera adecuada es salud, no hacerlo enferma el cuerpo y el alma.  Del mismo modo que un cuerpo sano ofrece resistencia a las infecciones, una psique sana se resiste  a actuar en contra  de principios básicos, como no agredir a quien decimos amar.

El machismo le niega a los hombres la posibilidad de expresar emociones, miedos, angustias, vergüenza. Gilligan afirma que en la cultura machista la violencia es un modo de borrar la vergüenza, restaurar el honor, y restablecer la hombría.

La cultura dominante da supremacía al trabajo púbico donde por tradición trabajan los hombres.  El cuidado se desarrolla en la intimidad y lo realizan las mujeres. Lo que no se ve, políticamente no existe.

La democracia va de la mano con la justicia, no puede ser indiferente a la subordinación de las mujeres, el machismo es su antítesis, pero también se encuentra en tensión con el amor. El amor es la fuerza con el poder necesario para romper con el machismo.

En una sociedad machista el cuidado es una función de la mujer, en una sociedad  democrática, el cuidado es una tema humano. Universalizar las obligaciones del cuidado es tarea pendiente.

www.lilliamfondeur.com

 

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