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La soledad, un enemigo a combatir para los ancianos

La soledad, un enemigo a combatir para los ancianos
La soledad, un enemigo a combatir para los ancianos

MADRID.- Sobrevivieron a la Guerra Civil española (1936-1939), soportaron una dura posguerra, y después de una larga existencia, llegan la vejez y se enfrentan a uno de los fantasmas de ese periodo de sus vidas: la soledad.

Edel, Encarna, Charo y Carlos son parte de los 2,6 millones de personas que en España tienen más de 80 años, grupo que se amplía hasta los nueve millones si se incluyen a los que superan los 65. Quieren estar presentes en la sociedad y viven su vejez en un momento en que ha cambiado el modelo tradicional de familia.

Cuando muchos de ellos han perdido a su pareja y los hijos, si los tienen, llevan su propia vida, buscan compañía con fórmulas tan variadas como compartir su vivienda con estudiantes, recurrir a voluntarios que los visiten o dejar sus casas y trasladarse a una residencia de mayores.

“Yo, mientras pueda no quiero irme a una residencia”, confiesa sin dudarlo Encarna en una entrevista con Efe. Desde su pequeño apartamento, esta madrileña de 88 años lo tiene claro. “Aquí estoy a mi aire, (…) en mi territorio”, dice.

Vitalista y charlatana, es viuda desde hace 24 años y no tiene hijos.

Después de haber sido “muy callejera”, los años y la enfermedad la retienen en su casa, y allí espera con alegría la visita de Mayte, una de las voluntarias de la ONG Grandes Amigos, a las que Encarna califica como “heroínas”, sus “ángeles de la guarda”.

“Hay señoras que viven solas, por su independencia, pero no pierden el contacto con sus hijos, pero en mi caso no hay ni sobrinos ni hijos, estoy sola”, explica emocionada.

“Hay veces que te gusta tu propio silencio (….) pero otras veces, cuando estás con otra persona un ratito, el hecho de que te presten atención y te hablen, pues ves que te tienen presente, si no es como si fueras ausente”.

Tampoco Edel, viuda de 84 años, quiere irse de su casa, donde vive desde hace cuatro décadas.

“No tenía complejo por estar sola”, dice a Efe, pero una amiga le habló de la ONG Solidarios, que pone en contacto a personas mayores con estudiantes, para compartir piso.

Y desde el pasado mes de octubre Edel comparte su casa con una joven dominicana que hace un Máster en la Universidad Complutense de Madrid.

“Aparte de sentirme acompañada, estoy pendiente de ella”. “La tengo como una nieta”, explica, y no duda en recomendar esta experiencia “a todo el mundo”.

Otros mayores eligen irse a una residencia, donde pueden llevar una vida activa y convivir con personas de su edad, sin perder el contacto con sus familiares.

Es el caso de Charo, viuda de 91 años, y de Carlos, de 94, que vive con su mujer dependiente. Los dos mantienen una excelente relación con sus familias, se muestran contentos con su nueva vida y totalmente adaptados a ese entorno.

Charo confiesa que cuando empezó a tener problemas de salud “decidió enseguida” irse a una residencia, y así se lo hizo saber a sus cinco hijos. “Vendí mi piso y adiós. Sin ningún remordimiento”, explica a Efe de manera resuelta.

También Carlos y su mujer, Nandi, lo tuvieron claro mucho antes de tomar la decisión de dejar su casa, donde habían vivido durante cuarenta años.

“Yo pienso que cuando sales de casa hay muchas cosas de las que debes olvidarte”, dice Carlos, quien reconoce que sus tres hijos “se portan fenomenal”, pero considera que “deben tener su vida totalmente independiente”.

MÁS MAYORES Y MÁS SOLOS

La sociedad española se está envejeciendo año tras año, una tendencia común a la de otros países europeos.

Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), hay más de nueve millones de personas con más de 65 años (9.055.580), casi el 20 % de la población, y con tendencia a aumentar, ya que según sus proyecciones, en 2033 alcanzará al 25 %, dado el aumento de la esperanza de vida y la disminución de nacimientos.

Pero a la vez que sube el número de mayores, también se incrementa la cifra de hogares en los que vive una sola persona, a veces elegido de manera voluntaria, pero otras no.

Más de dos millones de personas mayores de 65 años viven solas en España, la mayoría mujeres (1.465,6 mujeres frente a 572,1 hombres).

El Defensor del Pueblo español alertaba este mes: “Si esto no cambia, caminamos hacia un país más viejo y con más soledad”.

LA SOLEDAD, UNA CUESTIÓN DE SALUD

Un 39,8 % de las personas mayores de 65 años sufren “soledad emocional” en España, según un estudio realizado este año por la Obra Social La Caixa, donde además alertan del riesgo de aislamiento por pérdida de la red social de amigos, sobre todo en el caso de los hombres.

Por ello, proponen fomentar las relaciones sociales, algo difícil, sobre todo en las grandes ciudades, donde se producen muertes de ancianos solos que no son descubiertas hasta meses o años después.

La soledad no deseada perjudica a la salud, según estudios científicos, como el publicado el pasado mayo por la Universidad Autónoma de Madrid, que concluye que es un factor de riesgo para desarrollar demencia en las personas mayores.

La soledad no deseada ya se ha relacionado en anteriores estudios con el empeoramiento general del estado de salud, con la depresión e incluso con la mortalidad prematura. 

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