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La unidad de izquierda y popular exige nueva visión

La unidad de izquierda y popular exige nueva visión
Narciso Isa Conde

La predeterminación de candidaturas, programas, instrumentos legalizados y formas de hacer política de ciertos agrupamientos y partidos participantes de los recientes esfuerzos de unidad a nombre de las izquierdas y del progresismo (Alianza País, Frente Amplio, Dominicanos por el Cambio…) no ayuda en nada a crear la convergencia político-social capaz de desatar el torrente popular latente contra el status quo y la “clase política” que lo sustenta.

Primero: porque en los intercambios realizados ha estado casi totalmente ausente la parte de la sociedad (sus movimientos, sus entidades no partidistas, sus corrientes, actores y sujetos sociales y políticos de nuevo tipo) imprescindible a nuestro entender para crear una gran fuerza alternativa capaz de avanzar en todos los escenarios de lucha.

Segundo: porque predomina en su conformación el personalismo y la centralización.

Tercero: porque carecen de atractivo para las nuevas generaciones, las mujeres y la pobrecía rebeldes.

Cuarto: porque sus candidatos predeterminados (Guillermo Moreno, Julián Serrulle y Eduardo Estrella) están muy lejos de las luchas populares recientes y del combate social y patriótico del presente; dos de ellos todavía con ataduras fuertes a su pasado y presente balaguerista y peledeista, los tres (unos más que otros) atados a una dinámica elitista y conservadora; aceptando sin cuestionamientos y sin promover acciones fuertes las reglas de juego del sistema electoral y del orden institucional, reproduciendo los métodos tradicionales de hacer política (evitando riesgos y confrontaciones necesarias) y  con escasas posibilidad de impactar y atraer.

Quinto: porque sus construcciones políticas reconocidas por la JCE no están siendo manejadas como instrumentos al servicio de la unidad de la diversidad político-social potencialmente alternativas al PLD, PRD y sus grupos satélites, sino como armas de competencia y preeminencia de sus limitadas y moderadas visiones  programáticas (potables al sistema), de sus candidaturas y posicionamientos electoralistas, lo que los lleva a posponer y relegar acuerdos comunes y a  resistirse (sin confesarlo) a deponer lo propio y a asumir lo unificador y lo colectivo.

El rol de la Coalición

Una Coalición de movimientos y personas independientes de conocida integridad y vocación unitaria está intentando variar esa impronta negativa y presionar insistentemente por la Convergencia de todo lo que sea izquierda y progresismo, aunque con la limitación de no haber convocado a los sujetos sociales y políticos y  a las expresiones de la izquierda sin partido, de las izquierdas políticas, cultural e intelectual potencialmente alternativas. Sus avances, por tanto, en ese propósito han sido -más allá de ciertas formalidades  y declaraciones- pocos significativos y soterradamente bloqueados.

Esa bien intencionada Coalición luce algo entrampada en la solicitud a los tres polos electorales mencionados para que se entiendan entre si y acepten un método común para seleccionar uno sola candidatura entre las tres y, eventualmente, entre algunas más si llegan a presentarse.

Esto –sin que sea la intención de sus promotores- está conduciendo lamentablemente a seguir sobredimensionando a esos tres polos y sus candidaturas por encima de todo lo demás; a pesar de tratarse de un problema más complejo y mucho más trascendente, que toca la composición política y social, los contenidos, métodos de lucha y formas del proyecto alternativo. Algo que debería ponerse en común de inmediato, al tiempo de lograr acuerdos que contengan las campañas y planes particulares, las cuales mientras más avancen más difíciles serán de contener.

Es claro que una parte sumamente importante de las izquierdas y las fuerzas transformadoras de nuestra sociedad no están comprendidas en los partidos y grupos que encarnan esas opciones impregnadas de un fuerte electoralismo a lo tradicional.

Sería injusto y sumamente desacertado adoptar acuerdos de unidad sin darle participación y poder de decisión a esas fuerzas de la izquierda social, cultural y política del país.

Sería torpe y desconsiderado también presentarles las propuestas y lineamientos como una especie de enlatado, cuando la gente exige no ser manipulada y clama participación; claman acción consecuente y acompañamientos mutuos.

Así no fue que pasó en Venezuela, en Ecuador, en Bolivia…De esa manera no fue que surgieron los liderazgo de Chávez, Evo, Correa…, que luego se proyectaron al escenario electoral.

Debemos vernos en el espejo de lo que aconteció en Egipto, Túnez, Yemén… y de lo que más reciente sucede en España frente al sistema de partidos y a las instituciones de ese país.

Procede abrir las compuestas para la participación en el proyecto alternativo de fuerzas no tradicionales en igualdad de condiciones y sin ventajismos derivados de los registros electorales alcanzados.

Procede –sobretodo- estimular la democracia de calle para resquebrajar con el pueblo movilizado los rígidos  y excluyentes mecanismos y reglas de esta dictadura institucionalizada; e irrumpir con fuerza, desde un contrapoder ascendente, a los espacios de los poderes temporales o formales devenidos de los comicios y a los decisivos poderes permanentes relacionados con los cuerpos armados y medios de producción, distribución, servicios, comunicación y alienación

Hay que incorporar ya – y es importante que la Coalición y otros actores de avanzada así lo comprendan y asuman- a ese esfuerzo de unificación a los actores y sujetos político-sociales juveniles, femeninos, campesinos, populares, comunitarios, cuenta-propistas,  productores nacionales agrarios y urbanos, pequeños empresarios, obreros, intelectuales, dominico-haitiano, inmigrantes y emigrantes, medio-ambientalistas, profesionales. . . muchos de los cuales  en los últimos tiempos en el marco de esta crisis desgarradora han librado luchas estelares. Y lo seguirán haciendo.

Luchas extrainstitucionales, programa unificador-transformador, liderazgos a considerar, posicionamiento electoral, candidaturas, líneas de acción. . . deben ser contempladas junto a ese gran y diverso componente de una alternativa consistente e integral, no solo electoral sino además impugnadora de este insoportable estado de cosas.

Antes que a las candidaturas hay que darle prioridad a los acuerdos sobre el programa transformador, los alcances y límites de las alianzas y la definición de una política integral, no simplemente electoral; así como también a las normas y mecanismos de toma de decisión aceptables para todas las partes.

Prudencia en las expectativas y  acuerdos que aseguren continuidad

Es preocupante el énfasis en precipitar la proyección pública de un esfuerzo incipiente, porque podrían crearse falsas expectativas que luego, como ha pasado otras veces, se desplomen. Preferimos se opte por una labor discreta hasta lograr acuerdos y articulaciones firmes y seguras, que sin dejar de abordar la coyuntura electoral, la transciendan con sentido estratégico.

Un problema latente de cierta gravedad es la proclividad de uno de los bloques (Frente Amplio-MIUCA-PCT-Serrulle…) a considerarse en sí mismo (sin base alguna) una unidad amplia con inclinación a pactar cuotas con la cúpula PRD, algo que hicieron en las pasadas elecciones de “medio tiempo”. Ese frente es estrecho y no consecuentemente alternativo.

En este caso las aprehensiones señaladas se justifican, porque lo hicieron ayer y no se han arrepentido de haberlo hecho, lo cual indica que podrían hacerlo de nuevo, aun sea en segunda vuelta; hecho que de producirse dinamitaría -después de caminar juntos un buen trecho- ese importante esfuerzo unitario que debe basarse en el cuestionamiento al neoliberalismo y en la necesidad de la independencia frente a los partidos tradicionales responsables de la crisis nacional.

En ese plano hay indicios de que a través de vías creadas en los comicios pasados y de la  participación de ese bloque en la  ya cuestionada Alcaldía de Santiago y de sus puentes con la cúpula del PRD (entre los  que se cuenta el de Juan Hubieres y su MR), se podría  a futuro instrumentar un paso de esa naturaleza en busca de cuotas gubernamentales.

En ese orden llama la atención que frente a los escándalos que afectan esa Alcaldía, esas organizaciones no hayan decidido ya la ruptura de esa alianza hegemonizada por Gilberto Serrulle (hermano de Julian) y la cúpula del PRD, y el paso a la oposición respecto a ese poder municipal mal llamado “socialista” con la anuencia del MIUCA-PCT, la Fuerza de la Revolución (FR) y el sector que encabeza Fidel Santana.

Procede, además, dejar eso bien definido los límites de la amplitud de  la Convergencia de fuerzas alternativas, a fin de evitar que a través de una determinada participación de la partidocracia tradicional y clientelista camuflajeada (tipo PRSD de Hatuey Decamps, PDI de Ismael Reyes, V República de Soto Jiménez…) se desdibuje o afecte el  carácter alternativo de la unidad o frente que debemos forjar.

El mismo hecho de la participación en ese proceso de unitario del Partido Dominicanos por el Cambio, pese a su proclamada oposición al PRD, PLD y PRSC -en la medida sigue reivindicando a Balaguer y carece de tradición antineoliberal y programa transformador- despierta justificadas objeciones en amplios sectores de izquierdas y progresistas del país

Es imperioso también definir en concreto y con precisión una línea de movilización extra-institucional y de desobediencia civil junto a todas las fuerzas sociales y culturales en lucha, con una clara meta de politizar las protestas y dotarlas de propuestas consistentes. Solo de esa manera el posicionamiento electoral del conjunto podría potenciarse, combinar lo coyuntural con lo estratégico e impactar positivamente, al tiempo de  trascenderlos, los comicios del 2012.

Todo esto precisa conformar -al compás de los diferentes niveles y pisos de las articulaciones unitarias en dirección a una unidad en amplitud portadora de un proyecto pos-neoliberal y democracia participativa con refundación constitucional- el eje de las fuerzas anticapitalistas y pro-socialistas, las más calificadas para llevar el proceso hasta sus últimas consecuencias y garantizar  su Norte estratégico. Esta sería la imprescindible unidad en profundidad, capaz de asegurar  la firmeza dentro de la amplitud y diversidad también necesarias.

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