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La vida de las personas es un valor supremo

La vida de las personas es un valor supremo
Liliam Fondeur

Toda persona enferma necesita tratamiento.  Una niña con leucemia requiere ayuda médica; sin ella puede morir por hemorragias, anemia o infección. Es una irracionalidad no dar quimioterapia a una menor de edad con leucemia por  estar embarazada.  Lo primero es lo primero, la vida de la persona humana.  En  un centro médico, en el corazón de Gazcue yace Esperancita, hinchada y conectada al  tanque de oxigeno; espera la decisión del Comité de Ética para recibir tratamiento.  Nada más legitimo y humano.  Acceder a los avances de la ciencia en temas de salud es un derecho impostergable.

Su madre defiende la diminuta mujer  como el único tesoro que la vida le dio y que, con apenas 16 años, la muerte le quiere arrebatar. En un hallazgo casual por retraso de la menstruación descubren que tiene nueve semanas de embarazo y que la anemia persistente se debe a  leucemia, cáncer en  la sangre.  Requiere recibir quimioterapia como alternativa para intentar salvar la vida, pero los médicos se aferran al artículo 37 de nuestra Constitución.

Después de recibir las recomendaciones de hematología donde afirman la necesidad y urgencia  de dar quimioterapia, el Comité de Bioética ha considerado dilucidar el caso y esperará que el embarazo llegue a las 12 semanas antes de tomar una decisión.  Me pregunto cuál fuera su veredicto si fuese la hija de ellos. ¿Qué puede estar por encima de la vida humana?

A la bioética le conciernen los  valores humanos no valores legales, le corresponde considerar lo que le conviene a las personas en un momento determinado, no la  aplican  de las leyes. Ojalá cuando se cumpla el plazo sentenciado por el Comité de Bioética, Esperancita tenga posibilidades de vivir, que no sea tarde para responder al tratamiento o que haya muerto. En casos como este es imprescindible separar lo ético  de lo legal.

Defender la vida de las personas es un valor supremo.  Mientras nuestras autoridades defiendan la vida de un embrión por encima de la vida de Esperancita no lograremos reducirla mortalidad materna.  Si las secuelas de la quimioterapia atentan contra el producto de la concepción es un mal menor.  Lo primero la gente. En un centro de salud acreditado, ¿cómo es posible dejar morir una persona sin darle la oportunidad de recibir tratamiento?  El grupo de células que lleva en su vientre Esperancita morirá con ella, pero los responsables de postergar la quimioterapia dormirán tranquilo por no haber contradicho las normas legales.  Dios los perdone. Conclusión: ser pobre en nuestro país es pecado, bendecido por los poderes.

@lillianfondeur

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