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La violencia en Haití y nuestras elecciones

La violencia en Haití y nuestras elecciones
Bernardo Vega

Nunca antes había surgido tanto pesimismo sobre la situación haitiana, tanto dentro de la comunidad internacional como entre los propios haitianos, con protestas que han pasado de las siete semanas y que han ocasionado 18 muertos, provocadas por una inflación de un 20%, una fuerte devaluación, escasez de combustibles y quejas por el uso corrupto de los fondos de Petrocaribe. Por primera vez la clase media y hasta intelectuales participan en esas protestas, coincidiendo con violencia similar en Chile, Ecuador, Hong Kong y México, pero también empresarios haitianos ordenaron la quema de los negocios de sus competidores.

Se fue la Minustah, los “cascos azules” de Naciones Unidas, después de quince años en ese país, dejando el control del orden público a una policía cuyos números no son todavía los adecuados. Al igual que Panamá y Costa Rica, en Haití ya no hay ejército. Era parte del problema.

El presidente Moise fue elegido libremente y hasta ha optado por solicitar ayuda humanitaria al presidente Trump. Sustituirlo no resuelve nada. La comunidad internacional no quiere cooperar y si no envió tropas a liberar a la Venezuela de Maduro, mucho menos lo hará en el caso haitiano. El gobierno dominicano, aprovechando que está en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, solicitó una reunión para tratar el tema haitiano, pero dos miembros permanentes la obstaculizaron. Por un lado, Estados Unidos pidió que tuviese lugar a puertas cerradas y China, por el otro, bloqueó cualquier decisión, ya que Haití solo reconoce a Taiwán. El principal candidato dominicano de oposición, Luis Abinader, correctamente apoyó esa iniciativa dominicana. El representante de la Oficina Comercial china en Puerto Príncipe ha declarado a la prensa de ese país que habrá ayuda si se reconoce a China. El puerto Mole San Nicolás, en el Canal de los Vientos, frente a Guantánamo, indudablemente interesa a los chinos. Los americanos, hasta ahora, han exitosamente bloqueado el acceso chino a nuestro puerto de Manzanillo. Moise estuvo en Taiwán, cuyo presidente visitó Haití. La encargada de asuntos caribeños y haitianos en el Departamento de Estado acaba de reunirse con el presidente Medina.

Este asunto haitiano se va a agravar y va a coincidir con nuestro proceso electoral. A los dominicanos lo que nos conviene es que nuestros candidatos nos propongan soluciones a la violencia, el crimen, el desempleo, la  salud y la educación. Todas las encuestas colocan al tema haitiano entre los que menos interesa a los votantes. Por eso no debemos caer en la trampa de incorporarlo a la campaña electoral. Ya se hizo en 1994, cuando el candidato Balaguer acusó al candidato Peña Gómez de buscar la “fusión” del país con Haití, cuando precisamente el único dominicano que había propugnado por esa “fusión” había sido Balaguer en su libro La isla al revés  (página 224, edición de 1983) donde propugnó por una confederación dominico-haitiana que incluiría una marina de guerra binacional. Los ultraderechistas anti-haitianos dominicanos ya rodean a Leonel Fernández y algunos se han inventado que lo que se busca con la violencia en Haití es lograr un éxodo masivo para lograr la “fusión”. Los haitianos cruzan la frontera por desesperación, no para participar en la “fusión” y preferirían, si pudieran, migrar a Chile, Perú, Brasil, Centroamérica, el norte o Europa.

Tanto el PLD como el nuevo grupo de Leonel Fernández son discípulos de un Juan Bosch quien en sus cuentos (Luis Pie, por ejemplo) evidenció simpatías hacia los haitianos, tal y como lo hizo en su famosa carta dirigida a los intelectuales trujillistas escrita en los años cuarenta desde La Habana. Más aún, siendo presidente trató de tumbar al dictador Francois Duvalier. Los discípulos de Bosch deben nutrirse con y seguir esas ideas de su líder, que cada día honran más, probablemente por un problema de conciencia, al haberse desviado tanto de su ejemplo.

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