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“Las apariencias Engañan”

Un cordial saludo a todos mis queridos lectores.

En este mundo en que vivimos nosotros juzgamos a las personas por sus apariencias, y no por lo que son y por lo que verdaderamente valen.

Nunca podré olvidar que en la casa de mi padre había una mata de mangos, que daba unos mangos grandotes y eran muy abundantes. Yo tenía un amigo que era Sacerdote y le dije a el que fuera a casa de mi padre y le dijera que yo lo había enviado para que le diera unos mangos.  Como mi amigo Sacerdote estaba en su día libre se puso a cambiarle el aceite al carro. Después que lo cambió se fue a casa de mi padre por los mangos. Se identifico con mi padre y le dijo que yo lo mandaba a recoger unos mangos. Mi padre lo miró varias veces antes de darle los mangos y dudo que fuera Sacerdote. Si hubiese sido un delincuente el que hubiera venido bien vestido, mi padre no hubiese dudado en darle los mangos, pero bueno así somos los seres humanos.

Cuentan que una vez un rey le contaba a un sabio lo extraordinariamente bueno y generoso que eran sus súbditos. Estas muy equivocado le dijo el sabio. La gente de tu reino actúa de acuerdo a las apariencias. Le dan poca importancia a lo que tú eres y los valores que tienes. Al escuchar esto, los cortesanos se pusieron furiosos y le rogaron al rey que no hiciera caso de ese falso sabio.

Majestad, ellos dirán lo que quieran, pero en este mundo falso y vil, todo funciona al revés: la persona más preciosa no vale nada, y la persona que no vale nada es la más preciosa. Demuéstramelo dijo el rey. Si no lo haces, mandaré a que te corten la cabeza por decir cosas falsas y descabelladas.

El sabio invitó al rey a que se disfrazara como una persona común y dieran una vuelta por la ciudad. Llegaron al mercado y el sabio le insinuó al rey que pidiera un kilo de cerezas que habrían de servir para salvarle la vida a un enfermo muy grave. Fueron inútiles las súplicas del rey. El comerciante, cansado de argumentar con él, lo expulsó del lugar y le dijo que si no se iba pronto, lo sacaría a palos. 

Las cosas que tiene que oír uno en la vida, mascullaba el comerciante. ¿Acaso tengo cara de idiota? Estos mendigos miserables ya no saben qué inventar para engañarlo a uno.

El rey estaba a punto de revelar su identidad, cuando el sabio se lo llevó de allí. Caminaron un buen rato y llegaron a orillas de un río que corría crecido con las aguas del deshielo. En un descuido, el sabio le dio un empujón al rey que cayó al agua. Empezó a gritar pidiendo ayuda, pero aunque se acercaron muchos curiosos atraídos por sus gritos, nadie hizo nada. Ya estaba a punto de ahogarse, cuando un mendigo, el más harapiento de la ciudad, se lanzó al agua y salvó al rey. Entonces el sabio se acercó al rey que temblaba de frío y de indignación y le dijo: ¿Viste como era cierto lo que yo te dije? Cuando tú que eres la persona más valiosa del reino pediste un kilo de cerezas para salvar la vida de un enfermo, no obtuviste nada y hasta estuviste a punto de que te partieran la cabeza a golpes, eso era porque no estabas vestido como rey.  En cambio este mendigo con sus ropas raídas y harapientas, la persona que menos vale en tu reino, ha expuesto la vida por ti y te ha salvado. No son las apariencias lo que cuentan, sino los hechos. 

Mis queridos lectores. Vivimos la vida como actuación. Cada vez se nos impone con mayor fuerza la cultura de la apariencia, del que dirán. Tratemos a los demás por lo que son y no de acuerdo a su aspecto. Nos sentimos grandes cuando podemos dar la mano a un ídolo de la canción, a un personaje famoso, sin importarnos si es un soberano egoísta, o un cretino, esclavo de su imagen y su fama. Sin embargo despreciamos y nos alejamos de los pobres, los humildes, a quienes tratamos con indiferencia. Necesitamos una educación que enseñe a ver la realidad, más allá de las apariencias.

Termino con este Versículo 1, del Evangelio de San Mateo, Capítulo 5, que lleva por Título las Bienaventuranzas, y dice así: Bienaventurados los que tiene alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. 

Hasta la próxima y muchas bendiciones para todos.

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Comentarios

Que hermosa es esa enseñanza que usted nos da a los nosotros los dominicanos. A nosotros nos gusta mirar al que tiene menos que nosotros por arriba del hombro, sin darnos cuenta que hay muchas personas pobres que son mejores que los que tienen dinero y menos arrogantes. Nos gusta ser amigo del que tiene. Buen ejemplo el que nos da, ojala aprendamos de ese ejemplo que nos pone. Jehova le cuide siempre y le bendiga..
Sr. Ray, que bella enseñanza la de este escrito y muy cierta. La personas van a los famosos y a los que tienen altos puestos, buscando rozarse con ellos y ver si consiguen algun favor de ellos. Bendito el que reconoce al pobre y lo ayuda a mejorar. Gracias y Feliz Año, Carlos

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