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Las aves de mi patio

José Báez Guerrero.

Les he contado antes de mi fascinación por los pájaros. No sólo les observo, me embeleso con su canto como en el caso de los ruiseñores o les cazo cuando se puede como a los rolones o los patos, sino que comparto con ellos mi patio y me alegra muchísimo que diversas ciguas coman de mis nísperos, que las “madam sagá” roben flecos de las palmas arecas para fabricar sus nidos en mi almácigo y que las bellas calandrias den brinquitos buscando algún desprevenido lagarto para darse banquete con él.

También me visitan pájaros carpinteros. Han hecho un nido en el tronco de una palma cana y se ven hermosos cuando sacan la cabeza antes de decidirse a salir. El macho posee una corona de plumas más rojas que la hembra, que a su vez sólo tiene las señas carmesí alrededor del cuello como si fuesen un collar de rubíes. Uno les ve martillando en el tronco de un árbol de aguacate y se pregunta cómo no quedan locos o con el cerebro destrozado, pero los carpinteros poseen una anatomía especial que les permite usar los picos como taladros de percusión sin que el seso quede hecho papilla.

Tengo un pito que uso en las cacerías y dado que hace muchos años no tiro, primero porque estuvo prohibido y luego porque un acúfeno me ha hecho temeroso del ruido de los disparos de escopeta, ahora lo uso para “conversar” con los rabinches y aliblancas que vienen por casa a saludar. Hace unas noches escuché el canto ululante de un rolón cerca de la medianoche, algo raro pero no imposible, y le comenté a mi esposa: “Esa debe ser una ‘rolona’ llamando al rolón que anda de parranda y no encuentra cómo llegar al nido”. Lo cual no es infrecuente cuando salen a buscar comida y les coge la noche.

Las bandadas de pericos, casi todos de la enorme colonia que ha hecho su hogar en los viejos almendros del parqueo del hotel El Embajador, sobrevuelan Arroyo Hondo al caer la tarde cuando van de retirada, con un “alebreque” como de políticos en campaña.

En fin, para mí es una bendición o una suerte inmensa que mi vida esté aderezada por la compañía alegre y colorida de ciguas, calandrias, pericos, rolones, ruiseñores, carpinteros y otros pajaritos encantadores. ¡Imposible amargarse!

José Báez Guerrero

[email protected]

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