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Las izquierdas más necesarias

Narciso Isa Conde.

Las izquierdas, aunque algunos de sus componentes no quieran admitirlos, son diversas y necesitan apellidos para diferenciarse e identificarse. Aquí, allá y más allá.

Nunca ha existido una  sola izquierda, sino variadas expresiones de la misma, todas reales y necesarias, aunque algunas más necesarias que otras, sobre todo en tiempo de graves crisis.

El capitalismo, el imperialismo, de estos tiempos –incluido su versión dominicana- no disponen de un modelo alterno al neoliberalismo, al dominio del capital financiero, al auge del militarismo y el guerrerrismo como medios de acumulación, a su actual voracidad ecocida, a su consumo dispendiosa y a los procesos de gansterización dentro de su propio sistema.

Y es que dentro de ese entrampamiento, pese a la decadencia neoliberal – admitida por una parte de sus ideólogos-  las cúpulas gobernantes-dominantes se limitan a recurrir al Estado no para cambiar al modelo que las engorda, sino solo para salvar el gran capital privado y especialmente a los grandes bancos; mientras periódicamente reiteran sus ajustes empobrecedores contra la gran mayoría los/as trabajadores/as y contra toda la sociedad excluida y los sectores medios situados al margen del poder, al tiempo saquear más intensa y extensamente los recursos naturales, provocando una espiral en el proceso de rebeldías crecientes (con un fuerte componente juvenil y femenino), a la que responde con más represión y neofascismo.

Esto provoca de más en más la deslegitimación de la dominación neoliberal caracterizada por la hegemonía del capital financiero y del cohollo capitalista en general, expresada recientemente con más vigor en el auge de la indignación contra sus símbolos,  representantes y nuevos programas empobrecedores; confirmando entonces –como ha afirmado el investigador marxista argentino y en entrañable amigo, Jorge Beinstein- “el comienzo del fin de la hegemonía cultural del capitalismo”, que abre las compuertas de la insurgencia y la creatividad.

Todo esto desde un sujeto universal anticapitalista en gestación que recupera las memorias populares de formas y convivencias igualitarias, solidarias, de resistencia a la explotación, sobreexplotación y exclusión social, al patriarcado, al racismo, a la xenofobia, a la homofobia, a la dictadura de los adultos y a todas las formas de discriminación; apoyada la nueva alternativa en la idea clave de la construcción de una economía socialista y de un sistema democrático desde lo comunitario, de un relacionamiento dignificante entre los seres humanos y de una actitud de éstos respetuosa de la Madre Tierra y reparadora de los graves daños causados a ella por las anteriores formaciones económico-sociales.

Responsabilidad ineludible.

Esa es la tendencia continental y mundial de estos tiempos, aunque nuestro país luzca temporalmente rezagado; no en cuanto a la crisis integral en expansión, pero si en el orden de las rebeldías multitudinarias necesarias y la conformación de las fuerzas y respuestas alternativas.

Situaciones así no son comunes. Ellas se presentan en determinados periodos históricos y ofrecen oportunidades excepcionales para la fuerzas con vocación revolucionarias y transformadora.

No es cualquier cosa esta crisis del orden dominante, aunque vale decir que las crisis por si solas no producen revoluciones, aunque se incluyan dentro de sus precondiciones.

No hay señales de que el capitalismo pueda salir por ahora de estas crisis, pero si está claro que ella tiende a empeorarse y complicarse, con evidente perspectivas de rebeliones crecientes, por lo insoportables y agobiantes que resultan sus efectos contra la dignidad  humana y la vida en el planeta.

Nuestro país no está al margen de esa realidad ni blindado respecto a esa perspectiva, a pesar del retraso señalado

En tales circunstancias el deber de los marxistas revolucionarias, duartianos, caamañistas, bolivarianos, guevaristas… es promover esas justas rebeliones, apoyarlas, participar en ellas, hacerlas crecer y desde ellas construir nuevas fuerzas y propuestas transformadoras-alternativas vía creación de conciencia y organización con capacidad articuladora y conductora.

Esto último porque también se ha demostrado -antes y ahora- que las indignaciones y las rebeldías, a pesar de su inmenso valor y su carácter imprescindible para abrirle vías a las transformaciones revolucionarias, son insuficientes para hacerlas realidad.

Exigencias claves

El cambio necesario –como dicen los Sin Tierra de Brasil- nos exige “formación-conciencia”, “organicidad-estructuras” y “movilización-lucha”.

Esto implica un pensamiento colectivo basado en líneas bien definidas y un accionar en correspondencia con el mismo.-“Pensar y actuar, pensar y hacer”, unidad dialéctica.

Exige claridad respecto a la realidad y precisión de objetivos.

En nuestro caso nos demanda- me refiero al Movimiento Caamañista- claridad en cuanto al tipo de movimiento que somos y de la vanguardia unitaria y compartida que queremos contribuir a crear, en cuanto al eje de fuerzas revolucionarias anticapitalistas que queremos contribuir a articular (polo); a la alianza más amplia,  alternativa al modelo neoliberal y al sistema político, que es preciso forjar; a la necesaria ruptura que hay que producir y a la nueva institucionalidad democrática-participativa que debemos construir; al desmonte del neoliberalismo y de la llamada democracia representativa; a la diversidad de formas de lucha en correspondencia con nuestra moral y principios; al tipo de transición y transformación, a su progresividad; al socialismo y al comunismo a que aspiramos después de todo lo acontecido, a los valores humanos y la ética que sustentamos, al ideal  y la estrategia comunista como razón fundamental de nuestras luchas nacionales, continentales y mundiales.

Requiere tareas organizativas concretas inspiradas en estos principios e ideales y en métodos y dinámicas que relacionan estrechamente conciencia, pasos prácticos y luchas concretas. Creación de estructuras enlazadas y relaciones entre personas comprometidas desde esa dialéctica.

“Masa” es clase, pueblo, sector disperso, sin organización, sin estrategia, agregan los del MST de Brasil. Y cuando esa “masa” o parte de ella se junta, se mueve, asume objetivos, adquiere conciencia, construye organización… entonces pasa ser “base” activa, sujeto en lucha…Esto se alcanza no simplemente contemplando o “estando”, sino participando.

De las luchas de esas “bases” activas surgen los líderes “naturales” y los consiguientes militantes.

De la  relación, enlace, articulación original entre líderes “naturales” y entre los militantes surgen  las estructuras capaces de convertirse en fuerzas conductoras de las liberaciones, emancipaciones; fuerzas calificadas, inmersas en las “bases” y en sus luchas y empeñadas en  contribuir a crear cada vez más “bases” a partir de mover “masas”, organizarlas, a ayudar a concienzarlas, apoderarlas de sus propias realidades, necesidades y vivencias a partir de sus vivencias.

Esta es también una responsabilidad ineludible si realmente somos lo que decimos ser: si  nos consideramos comunistas, socialistas revolucionarios, anticapitalistas, impugnadores del sistema y creadores de conciencia antiimperialista, prosocialista y pro-comunista, comprometidos en lo inmediato con una alternativa transformadora que desmonte el modelo neoliberal y la institucionalidad vigente y le abra cauce a una democracia participativa en integral con vocación socializante.

Y esta visión sobre el rol de las izquierdas transformadoras ha venido tomando cuerpo en no pocas organizaciones, movimientos y personas que hemos acordados –y ya avanzado en ese propósito- dar pasos firmes de unidad, articulación y coordinación en esa dirección. Sin aspavientos, cuidándonos de crear falsas expectativas. A plena conciencia de que cada un gran campo disperso por articular: las izquierdas sin partidos, la izquierda social, cultural, intelectual, los nuevos movimientos, los militantes históricos dispersos…

Diferenciaciones y decantaciones en las izquierdas.

Pero es lamentable que precisamente cuando esta crisis del capitalismo senil se vuelca contra la humanidad y contra nuestro país, una parte de los sectores que se dicen de izquierda, e incluso se consideran marxistas y/o comunistas, hayan renunciado o debilitado  la crítica al capitalismo y del imperialismo actual; se muestren reacios a plantear las nuevas  transiciones revolucionarias, así como a revindicar y enriquecer el pensamiento socialista y defender el proyecto comunista como alternativa al capitalismo.

Esos sectores de más en más evaden denunciar y enfrentar a la oligarquía capitalista por sus nombres; se observa en su lenguaje la ausencia de la crítica a la naturaleza cada vez más explotadora y excluyente del capitalismo, a la necesaria emancipación de la clase oprimida y al nuevo proyecto antiimperialista y anti-capitalista, que necesariamente pasa por el desmonte del modelo neoliberal y de una institucionalidad  copada por el capital y por una partidocracia corrompida y una tecnocracia privilegiada e insensible.

Más aun, esos sectores de izquierda y sus aliados (autodefinidos como progresistas, centristas y/o centro-progresistas), se han resistido a definir programas, políticas, caminos y actitudes destinados a desmontar el neoliberalismo y la seudo-democracia vigentes, a formular posiciones anti-imperialistas y propugnar por transformaciones estructurales. Incluso renuncian a reformas sociales y políticas audaces, que choquen el modelo imperante.

Es evidente su proclamado respeto al orden constitucional, al sistema electoral, a la JCE, a las leyes e instituciones vigentes, su renuencia a aliarse electoralmente con la izquierda revolucionaria.

Su negativa a plantear como bloques electorales la desprivatización de lo privatizado, la disolución del Congreso a favor de la Constituyente, la disolución y refundación de la putrefacta policía nacional y otros cuerpos igualmente corrompidos, la anulación de los contratos leoninos con corporaciones extranjeras, el rechazo a los TLC y la opción por el ALBA, la recuperación del patrimonio natural usurpado por el gran capital privado, el castigo ejemplar a los corruptos y la recuperación de los bienes robados, a enfrentar las nuevas modalidades de intervención de EEUU y las posiciones reaccionaria de la cúpula católica.

Igual es notoria la debilidad con que asumen la opresión de género, el adulto-centrismo y el racismo anti-haitiano, así como las urgencias y potencialidades del ambientalismo revolucionario en esta fase en que la voracidad del gran capital nos exige abrazar todas las indignaciones, todas las rebeldías y todas las liberaciones en dirección a contribuir a la articulación de los movimientos sociales y políticos sociales contestatarios.

Esa conducta política es típica de una izquierda reformista, funcional –aunque limitadamente crítica- al modelo político, social y económico vigente y al sistema imperante; que apenas asume reformas ligeras o moderadas, políticas más o menos avanzadas de redistribución de ingresos y de inversión, modelos productivos, reivindicaciones ciudadanas, demandas liberales  y normas a éticos-morales sin llegar a plantearse arrancar de raíz los resultados del neoliberalismo ni proponerse una nueva institucionalidad y un modelo alternativo.

Eso explica su proclividad a considerar  partidos “alternativos”, sujetos a alianzas de su parte, a pequeños partidos y facciones del sistema tradicional: grupos y candidatos históricamente comprometidos con la pardidocracia y gobiernos neoliberales y corrompidos; como son los casos del PDI de Ismael Reyes, del PRSD de Hatuey Decamps, del PDC de Eduardo Estrella, de la APD de Max Puig y hasta de Luís EL Gallo.

Explica además su reciente decisión de privilegiar esas alianzas de cupulitas – fracasadas hasta la fecha- en detrimento de la unidad con los movimientos políticos, sociales y culturales que cuestionamos a fondo el orden dominante.

El contagio del sistema político y de las derechas de todos los matices ha sido alto, al punto de influir no solo para que esos sectores acepten y promuevan nuevas modalidades de caudillismo y presidencialismo, y procesos de creación de matrículas y partidos electorales hechos a su medida, sino  también para a través de ciertas argucias desplegar fuertes resistencias a la confluencia diversa, a la búsqueda de entendimientos programáticos que expresen la diversidad alternativa y a ceder candidaturas o someterlas a procesos democráticos idóneos.

Incluso en esa izquierda reformista, socialdemocratizante, liberaloide con desviaciones de derecha, hay grupos que se unen sin rubor con líderes y facciones de la partidocracia corrompida perredeista y peledeista en busca de “cuotas y “posibilidades” electivas; y luego comparten gustosamente posiciones y privilegios en las instituciones conformadas, sin asumir posturas claramente diferenciadas de sus aliados de derecha; o sin hacerse sentir, más bien acomodándose al statu quo.

Esa izquierda reformista, en ciertos casos y periodos, no llega ni siquiera a ser realmente reformadora.

Ese tipo  de izquierda está representada en el país, con sus especificidades y características diferenciadas, por componentes fundamentales del denominado Frente Amplio y por importantes componentes de Alianza País; hecha la salvedad de que sus líderes y candidatos presidenciales, Julián Serrulle y Guillermo Moreno, y los sectores afines a ellos no se asumen como de izquierda, sino como centrista y centro-progresista.

Esto no excluye otras corrientes y agrupaciones menos notorios, pero con posicionamientos similares.

En tales circunstancias, como izquierdas revolucionarias, transformadoras, necesitamos diferenciarnos de esa actitud política e ideológica, de esa manera de convertir a las izquierdas en algo mas avanzado que las derechas tradicionales, progresista, pero funcional al sistema.

Esto, sobretodo, además de una necesidad histórica, es un imperativo de la crisis en expansión y de la situación que padecen nación, sociedad y pueblo.

Necesitamos retomar colectivamente con pasión revolucionaria la lucha contra el sistema dominante y las fuerzas sociales y políticas que controlan sus poderes temporales y permanentes; sin descartar métodos, vías de aproximación y alianzas con izquierdas reformadoras, con sectores liberales antineoliberales, algunas inéditas, siempre sin subordinaciones ni renuncia a lo alternativo, que impliquen apoyo, participación y asunción de las mismas por las bases de la sociedad y el sujeto transformador.

Necesitamos un renovado y creativo programa estratégico común de carácter antiimperialista, anticapitalista, socialista, comunista…, sin que esto implique renunciar a la flexibilidad política, a los programas tácticos y/o coyunturales de menor alcance derivados de esa estrategia y de su base conceptual, necesarios para emprender el desmonte del modelo neoliberal y conformar un nuevo poder alternativo; sin excluir los lineamientos políticos, alianzas con otras fuerzas democráticas, intervenciones y métodos de lucha que en diversos escenarios y en cada periodo posibiliten acumular fuerzas revolucionarias y avanzar.

Necesitamos hacerlo junto a la recreación de un pensamiento teórico renovado, capaz de asumir la emancipación de las fuerzas del trabajo y de la cultura forjadas en estos tiempos. De asumir la liberación del sujeto proletario-popular de esta etapa y la redención social y política de todos/as los/as oprimidos/as, excluidos/as y vejados/as por el gran capital, incluidos los productores privados condenados a la ruina y los militares y trabajadores de Estado empobrecidos.

Capaz de facilitar y contribuir, paso a paso, luchas tras luchas, a la creación de conciencia y organización contra el capital como relación social, como factor articulador y beneficiario de todas las formas de opresión y discriminación funcionales a él: patriarcado, adulto-centrismo, racismo, ecocidio, militarismo; y de todos sus engendros: narco-delincuencia, clientelismo, impunidad, egoísmo, mercantilización de la política y la ciudadanía.

Democracia de calle, lealtad a la estrategia e internacionalismo revolucionario.

Esto exige combate de calle, democracia de calle, iniciativas audaces.

Así se podría construir a crear una nueva vanguardia anticapitalista unitaria articulada a las luchas y movimientos sociales, que incidiendo y combatiendo en cada coyuntura, y asumiendo las banderas movilizadoras de actualidad, acumule fuerzas y defienda el futuro socialista-comunista del proyecto transformador; sin dejar de practicar la unidad de acción y las alianzas tácticas con fuerzas antineoliberales de otra naturaleza ideológica y política.

Así aportaríamos desde ahora, durante los comicios y después de ellos, a convertir la indignación latente en movilización activa, en rebeldía, en sumisión y en desobediencia civil cada vez mas generalizada; sin descuidar el desafío de pensar, crear y desarrollar la nueva vanguardia socialista-comunista para estos tiempos y frente a esta crisis del capitalismo global; sin dejar de enriquecer constantemente la propuesta estratégica de una sociedad en que prime la solidad humana, la igualdad de derechos y oportunidades, y el bienestar colectivo.

Tengamos presente los desafíos que plantea la amenaza de la llamada guerra antiterrorista global y sus puntuales guerras preventivas a cargo de un imperialismo altamente militarizado que se propone controlar como sea todos los recursos naturales.

Pensemos en la crisis de nuestro país en relación con este mundo convulsionado.

Pensemos, junto a los demás actores revolucionarios del mundo actual, en el nuevo Manifiesto Comunista que la liberación de la humanidad -condenada a muerte por el capitalismo actual en medio de su crisis mayor- nos exige.

Pensemos nuestro proceso en sus vínculos indisolubles con un proceso mundial signado por el declive del capitalismo senil y la necesidad del rearme y la emergencia de una renovada propuesta socialista, capaz por sus atractivos, su capacidad de generar pasión revolucionaria y por su  justeza científica, de fundirse con las nuevas indignaciones  multitudinarias.

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