Estudios revelan que llegada la hora de compartir un mismo techo entre parejas, es muy probable que muchos de esos momentos perfectos, casi idílicos, del noviazgo sean reemplazados por la rutina.
Este miércoles en TENDENCIAS analizaremos las obligaciones e inevitables roces que serán la prueba de fuego para toda pareja.
Las mujeres parecen estar mucho mejor preparadas psicológicamente para enfrentar estos retos que los varones, según dos recientes investigaciones de los departamentos de Psicología de las universidades de Michigan y del País Vasco.
Las razones de los hombres para convivir son notablemente distintas a las de las mujeres, según la investigación estadounidense, basada en entrevistas a 192 personas de entre 25 y 30 años, la mitad hombres y la mitad mujeres, con números iguales de blancos, negros e hispanos.
«Encontramos una sustancial brecha por géneros en cómo se percibe el papel de la convivencia en el proceso de formación de una unión”, señaló la socióloga Pamela Smock.
Las mujeres ven la convivencia como una transición antes del matrimonio en tanto que los hombres tienden a verla como una manera conveniente y con poco riesgo de determinar si la relación tiene un potencial a largo plazo.
Asimismo, ellas creen que vivir juntos significa un compromiso menor y menos legitimidad que el matrimonio, mientras que ellos ven la mayor desventaja en el límite a su libertad.
Por otra parte, el estudio de la Universidad del País Vasco descubrió que las mujeres saben perdonar más que los hombres.
“Una variable decisiva en la capacidad de perdonar es la empatía (capacidad de poner en el lugar de otra persona y sintonizar emocionalmente con ella), y las mujeres tienen más capacidad empática que los varones”, señalaron.
“Vivir bajo un mismo techo con la persona amada, requiere un período de adaptación que no todas las parejas superan, y en el cual resulta crítico el primer mes”, señala la experta.
Para salir airoso de este lapso de mutuo acomodamiento al otro, Flames recomienda “establecer desde el principio una serie de normas y pactos respecto de las tareas de casa, del tiempo y el espacio que cada uno necesita para si mismo, y de cómo resolver todas las dificultades que se vayan presentando”.
“Aunque también hay que saber que se trata de un proceso natural de adaptación que se resuelve normalmente si se mantiene una buena comunicación, se intenta mantener un buen ambiente, se esfuerzan en los hábitos de limpieza y se evitan los agravios y desconsideraciones”, asegura.