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¿Leer y escribir es terapéutico?

¿Leer y escribir es terapéutico?
¿Leer y escribir es terapéutico?

REDACCIÓN INTERNACIONAL.- Isabel Cañelles colaboró EFE a lo largo de 2016 con los vídeos semanales sobre su libro “La aventura existencial de Elmo y Ari”, donde narraba situaciones reales vividas con sus hijos, curiosas, elocuentes y paradójicas, de las que extraía significativas enseñanzas y mostraba lo que se puede aprender de los niños.

Este es el tema del taller que  se  impartirá en la librería “El olor de la lluvia”, bajo el titulo “¿Tienen tus hijos algo que enseñarte?”, donde pretende que padres e hijos dialoguen y exploren cómo pueden enriquecerse mutuamente, cada cuál desde su perspectiva y visión de la vida.

Luego volveremos a este taller, pero el día antes, mañana viernes, 21 de abril, por la noche, Isabel imparte en la misma librería otro taller, titulado “Escribir con el cuerpo, el corazón y la mente”, donde amplia el concepto de cómo se debe escribir, que va mucho más allá de pensar y racionalizar.

Estos dos talleres están organizados por Relee (Red Libre- Escritura y edición), la editorial que Isabel dirige desde hace más de un año y que compagina con talleres que armonizan la escritura, la meditación y el trabajo con las emociones.

“En Occidente, la escritura se relaciona con pensar. Y no es así; para escribir bien, la facultad central no es pensar, pensar es muy lineal. Para escribir bien hay que abrir la visión y la cognición, ampliar el campo de percepción. Percibir con el cuerpo, desde la emociones, y también desde la mente; no excluyo el pensamiento, aunque es mucho más que eso”, explica.

“En este taller propondré un viaje a través de las sensaciones, las emociones y los sentimientos, para profundizar progresivamente en ellos”, añade.

Escribir como terapia, leer como curación

Isabel Cañelles no tiene dudas sobre el valor cuasi medicinal de escribir y leer. “Cuando escribimos damos vueltas a cuestiones internas como nuestros conflictos o nuestros fantasmas…Nos transformamos, entramos en nuestro mundo interior, se abre el nivel psicológico. Sentimos plenitud y gozo”.

“Si escribimos bien, alineando cuerpo, corazón y mente, generamos un cosmos donde podemos llegar a resolver conflictos a través de los personajes. Esto también le pasa al lector”, argumenta.

Le pido a Isabel, que me ponga algún ejemplo, como lectora, de libros que han influido en ella de forma terapéutica, y se atreve con dos ejemplos.

“Tío Vania”, de Chejov. Un libro donde todos los personajes muestran, en mayor o menor media, hastio, tedio, un profundo desengaño de los caminos que han transitado para llegar al punto en el que se encuentran sus vidas, nada satisfactorio.

“He tomado grandes decisiones tras la lectura de libros -comenta- como en el caso de “Tío Vania”; me identifiqué tanto con el personaje, que vi que si seguía la misma vida, me pasaría lo que a él. Y me sirvió de revulsivo para cambiar . Y fue muy terapéutico tomar esa decisión”.

Su segundo ejemplo pasa por el portugués Fernando Pessoa. “Le leí de adolescente; es un autor con múltiples personalidades artísticas, heterónimos. A mi me sirvió para entenderme como persona múltiple; yo me sentía con muchas personas dentro, incluso opuestas, y descubrir que alguien se puede desarrollar en su multiplicidad sin estar loco me resultó muy útil”, expone.

“Hay libros que pueden ser mejor que algunos fármacos”, resume.

¿Te has parado a pensar qué puedes aprender de tus hijos?

Volvemos al segundo taller: padres e hijos. “Ninguneamos mucho a los niños desde nuestra responsabilidad, nuestra autoridad y nuestros conocimientos paternos, y no solemos reconocer la riqueza que tienen dentro”, plantea la profesora, quien lanzará preguntas a los padres delante de sus hijos, para ponerles un poco “entre la espada y la pared”.

“Todos llevamos un niño dentro, pero lo tratamos fatal. Lo tenemos relegado, no le hacemos caso, si grita lo castigamos, no admitimos que se sienta desvalido”, considera.

Un momento de las clases de escritura y meditación de Isabel Cañelles/Foto facilitada por la escritora
Y pone el acento en la frescura de los niños, su inocencia, su visión de las cosas por primera vez, su ilusión, sus preguntas limpias… frente al mundo adulto y paternal mecanizado y automatizado, donde todo se da por supuesto, con miles de justificaciones, con tanta ideología y abundancia de filosofía.

“Y entonces llegan ellos y te lo desbaratan de un plumazo porque lo ven todo por primera vez y ponen en duda tus creencias y te hacen reflexionar sobre tus mentiras. Un poco a lo Mafalda”, añade.

Le pregunto a Isabel si lo que propone es un pacto o una alianza entre padres e hijos, y ella responde con una idea más bonita que mi planteamiento casi de consenso político.

“Un puente”, me corrige; “un puente entre padres e hijos; este es el objetivo, tender ese puente. Empoderar al niño, como se dice tanto ahora, donde su punto de vista sea válido y se tenga en cuenta.

No digo que los niños tengan el poder, pero si que estemos atentos a su forma de vivir el mundo, sin aplastarla”, y claro, la literatura, tanto la escritura como la lectura, también contribuye a ello.

 

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