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Leonel, mi gran frustración

Leonel, mi gran frustración
Venecia Joaquín

En el 2012 publiqué este artículo; me permito reiterarlo, en todas sus partes.

Cuando por primera vez Leonel Fernández, asumió la Presidencia de la República, sentí un íntimo contento, un rayo de esperanza para tener un desarrollo armónico y progresar. Jamás pensé que olvidaría los principios de Juan Bosch y se acomodaría con los ricos.

Tras la desaparición física de Balaguer, Bosch y Peña Gomez, la nación quedó huérfana de grandes líderes.  En el PRD, las fuerzas debilitadas; en el PRSC, los militantes se habían acostumbrados a ser dirigidos y vivir de estar en el poder; del PLD, brotaban rayos de esperanzas. Los entrenaban en escuelitas para que fueran disciplinados e imponer la justicia social. Un alumno que se destacó fue Leonel Fernández.

Leonel venia de un estrato social humilde. Vivió como inmigrante en EU; conocía la vida de los pobres con aspiraciones, dentro y fuera del pais. Era inteligente, sabia de las privaciones de los pobres y conceptualizaba bien sobre ellos. Bosch no tardó en considerarlo “una minita”. Jamás pensó que podía explotar haciéndole daño a los infelices; que la mina podía estar agrietada, con vacíos por llenar. Balaguer si lo captó y firmó un Pacto Patriótico para llevarlo al poder y demostrar que es cuestión de forma, en el fondo eran iguales.

Leonel gobernó en tres periodos: Hundió más la economía, acentuó las diferencias entre ricos y pobres, dejó un hoyo financiero, deformó individuos e instituciones, aumentó la miseria. Solo el grupito de su entorno se benefició.

Actualmente es el presidente del PLD y de Funglode, una millonaria institución que fundó en su primer periodo. En lugar de buscar parecido con Bosch, declaró que era un “Balaguer chiquito”. El cambio fue radical; llegaron como abejas al panal los que solo saben vivir de estar en el poder. Se desplomaba la esperanza. Su inteligencia fue esgrimida para anestesiar los desposeídos, hambrientos y seducir ambiciosos.

Comprendí porque Balaguer decía “no somos suizos”. Lo demostró llevando al poder a Leonel. En la práctica, cambiaron las metas enarboladas y mantuvieron el sistema vigente. Los nuevos ricos comiendo del pastel y los pobres, recogiendo las migajas en tarjetitas de solidaridad. ¡Que frustración! Corrieron mares de antivalores, corrupción, drogas, etc.., todo tiene un precio, se negocia.

Tras la desaparición física de Bosch, surgió el verdadero Leonel. Se concentró en megaproyectos, no prioritarios; en la microeconomía sin que se reflejara en la micro; olvidó abrir fuentes de trabajo y atender las necesidades de los pobres. Se ocupó de su Funglode, viajar, intentar destacarse en el plano internacional, enriquecer su equipo.

Descubrió que “el mal comió no piensa”; mantenerlo en esas condiciones es clave para retener el poder; además incentivar medios de comunicación, líderes políticos y judiciales, le ayudan a blindarse. Leonel en esos doce años, sumergió la nación en la peor miseria y crisis financiera que se pueda recordar; hundió la economía en pro de un grupo y de retener su partido en el poder.

Leonel sigue manipulando, buscando culpables en otra parcela política. Evita rendir cuenta a la población y ser juzgado. Si “por sus frutos os conoceréis”, debe estar avergonzado. ¡Ay, Leonel, que frustración y que asco de pais nos ha dejado!

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