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Leonel y Danilo en el despliegue de la implosión peledeísta

La reciente  presentación televisiva de Leonel  Fernández confirma que ahora le ha tocado a la partidocracia peledeísta exhibir en mayor dimensión y con peores consecuencias  la crisis que corroe el sistema tradicional de partido y las instituciones estatales, casi todas bajo control morado.

El PLD ha pasado de la fase soterrada de su crisis, a un periodo de despliegue abierto de una  implosión que por el momento se expresa en el choque agudo entre sus dos principales dirigentes clientelista por el control de la continuidad de la manipulación del Estado y del partido; pero que habrá de multiplicarse y complejizarse antes y/o después  del 2016.

En esa pugna no hay bondades, no hay principios, no hay diferencias conceptuales ni proyectos de Estado, país,  nación y sociedad relmente diferentes. Las palabras sobran frente a hechos demasiado elocuentes. La dictadura institucional, conformada desde la Constitución del 2010 y el Senado actual, podría servirle a cualquiera de las dos facciones y lo que está en esa disputa intensa no va más allá del control de la misma.

No hay diferencias conceptuales ni principios opuestos en este “mach”  entre danilistas y leonelista, como no las hubo ni las hay en las diversas crisis que se han tragado o metamorfoseado para menor y peor  al PRSC y el PRD, ambos  en vía de extinción electoral. Como tampoco las hay en la conformación del PRM, de la llamada Convergencia y el pretendido frente opositor, en el que hablan de incluir al PRD (¿??), al PRSC (???)  y otras  franquicias-escorias, todas en venta al mejor postor.

Priman las ambiciones personales y grupales dentro de esquemas parecidos de poder, partido y  Estado, desatadas desde una cultura en la que domina la concepción del Estado como patrimonio de funcionarios asociados a grupos y corporaciones capitalistas del sector  privado, la conversión de la ciudadanía en clientela, la corrupción estatal como mecanismo de acumulación de riqueza y de poder y la constitución de facciones  y micro-facciones acaudilladas por cabecillas menores y medianas que se suman a las mayores; ahora  principalmente alrededor de Danilo y de Leonel en el PLD, y de Abinader e Hipólito en el PRM.

Prima en estos personeros de la política su adhesión al modelo capitalista-imperialista dominante en cada periodo, su dependencia respecto a EEUU y los grandes centros capitalistas y la condición de neo-gobernadores de colonia, cómplices de los mega-millonarios de viejo y nuevo tipo.

 

GROCERAS Y DESCARADAS.

Leonel mintió descaradamente en su reciente discurso cuando se define como un político de principios y convicciones, libres de ambiciones personales, boschista medular, injustamente calumniado, protegido de Jehová y defensor de los más elevados preceptos constitucional.

Tres administraciones corruptas y corruptoras -incluso narco-corruptas- y dos intentos frustrados de re-postulación, no son preciamente señales de modestia y desprendimiento.

Leonel no se reeligió en el 2000 y en el 2012 porque no pudo, la tenía todas en contra. Igual se vio obligado a apoyar a Danilo, situando a Margarita en la Vice, porque no tenía de otra. Ahora está intentando re-postularse de nuevo y a eso, y no a otra cosa, se debe su actitud de ponerle todos los obstáculos a la re-postulación de Danilo, ya sea con argumentos válidos o con expicaciones acomodaticias.

En su caso todos sus alegatos sobre la pertinencia de las mayorías especiales y sobre la necesidad del referéndum  para reintroducir la reelección son argucias retóricas circunstanciales plagadas de hipocresías.  Recordemos que la propia Constitución del 2010 y su fórmula sobre la reelección fueron fraguadas por Leonel en conciliábulos que procuraron impunidades propias y  grupales y  pensando en su vuelta  a la presidencia de la república, en la que todavía insiste,  aun en medio de su merecido desprestigio y del agotamiento de capacidad de simulación.

Leonel, artífice de la podrida dictadura morada vigente, hace tiempo que debió ser procesado judicialmente y debería estar en la cárcel, y hay que decir que tanto Hipólito como Danilo no se atrevieron a emplear con esos fines la informaciones disponibles y expedientes posibles construir, porque en el fondo procuran que el reino de impunidad proteja a todos los presidentes.

Lo de Quirino debió servir más que para desacreditar merecidamente, para enjuiciar y castigar. Ni hablar de lo que permite canalizar casos como los de los capos Nelson Solano, Arturo del Tiempo, Figueroa Agosto, Paya…(en los que hay hasta indicios fotográficos) y escándalos como el de los Tucanos, Sun Land, San Souci, EGE-Haina, EGE ITABO… y paro de mencionar.

 

DOS CARAS DE LA MONEDA PELEDIANA.

Tiene razón Leonel, pero no autoridad moral, cuando habla del autoritarismo y las ambiciones danilistas y cuando denuncia la impronta atropellante del oficialismo en procura de imponer su mayoría circunstancial por el camino más corto; mayoría y ventajas útiles para el continuismo peledeista que el propio ex-presidente reconoce al ofrecerle el regalo envenenado del consenso en torno al referemdum y su apoyo en las calles.

Esa impronta autoritaria, ese ejercicio abusivo del poder por encima de la ley y la constitución de turno, es muy propia de la cultura política de la partidocracia pelediana y su elite, incluidas sus dos fracciones en pugnas.

El danilismo y el leonelismo son dos caras, con sus parecidos y sus diferencias, de una misma moneda: la moneda pelediana, ya  distante y opuesta a la acuñada por Bosch y muy parecida a la corroída por balaguerismo y neoliberalismo.

Una cara, la de Leonel, temporalmente en declive y temerosa; la otra, la Danilo, por el momento en ascenso relativo, con muchas ventajas para imponerse tácticamente (con o sin trauma), pero estratégicamente frágil.

 

PERSPECTIVAS Y ASPIRACIONES.

No tengo dudas de que Danilo y su claque, después de este discurso  desafiante de un Leonel temeroso, que piensa que ceder ahora lo pueda llevar a un descenso incontenible, no tiene de otra que no sea usar sin escrúpulos todo el poder y las trampas palaciegas disponibles para tratar de imponer sin mayorías especiales y sin referendum la enmienda pro-reelección; primero en el Congreso  y  luego, con màs dificultades, en el Tribunal Constitucional, si fuera necesario.

Esto desde ya comienza a acompañarse –y habrá de intensificarse- de la amenaza de separación de Leonel y el leonelismo del partido, en su condición de facción minoritaria, en desventaja a lo interno y en la sociedad. Solo que estaría por verse la dimensión de ese posible fraccionamiento minoritario y, en consecuencia, el impacto del despojo de un agrupamiento con cierto poder pero ya muy desacreditado; lo que equivale a probar  si hay “restas que suman”, o si las hay que restan poco, bastante o mucho. Eso está por verse.

A Leonel todavía le queda la posibilidad de recular y pactar posiblemente en iguales o peores  condiciones, difícilmente mejores, que ahora. Por eso se habla de los enlaces para seguir dialogando soterradamente y dependerá de lo efectivas que puedan ser las reacciones de Danilo.

La pelea sigue, no se detiene. Sencillamente enra en una fase más aguda. Y lo ideal no es solo que trituren a Leonel y  los suyos en el PLD, ni que se fraccionen poco a mucho, sino que se dividan en grande y que se hundan como partido, profundizando y ampliando el proceso que desarticule en su totalidad este sistema tradicional de partidos, desestabilice estas instituciones y fortalezca la pertinencia de una CONSTITUYENTE POPULAR Y SOBERANA que refunde las instituciones y abra las compuertas hacia un país auto-determinado, un sistema político renovado y una sociedad libre y justa.

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