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Lo que Balaguer no pudo conseguir, a pesar de todo su poder

Miguel Guerrero.

En la conmemoración del aniversario del nacimiento del ex presidente Joaquín Balaguer, el primer día del presente mes, dirigentes del partido que él fundó y dirigió como su dueño y señor, y comentaristas de la radio y la televisión, repitieron un error en el que frecuentemente incurren los historiadores e intelectuales dominicanos, al enjuiciar la trayectoria política del líder reformista.

Un dato errado que hasta sus más connotados colaboradores suelen mencionar. Tal fue el caso once años atrás, en el 2001, del dirigente reformista ingeniero José Osvaldo Leger, cuando en ocasión de la entrega al rector de la Universidad Autónoma de Santo Domingo de un paquete de ejemplares de obras del doctor Balaguer, le solicitó que el Consejo Universitario revocara la decisión que “expulsó” al ex -presidente de la República como profesor de ese centro, según publicaron los diarios.

A fin de corregir un error histórico en que comúnmente se incurre al abordar públicamente el tema, es preciso aclarar que en realidad el doctor Balaguer nunca fue expulsado como catedrático de la universidad estatal. La resolución número 4, de fecha 10 de enero de 1962 del entonces Consejo Provisional Universitario que le sancionó, sólo menciona su  “suspensión”, no su cancelación o expulsión como académico.

La diferencia pudiera parecer irrelevante, pero en realidad no lo es. A pesar de la severidad con que él combatió a sus adversarios y la fiereza y determinación con que sus enemigos políticos se le opusieron, Balaguer logró con los años doblegar a todos sus oponentes. Con el respaldo entusiasta de los legisladores del PRD, que tantas veces juraron enfrentarle hasta la muerte, el Congreso de la República le comparó con el patricio Duarte al declararle “Patria de la Democracia Dominicana”.

En la búsqueda de su apoyo, para la aprobación de una ley o para alcanzar la Presidencia, sus adversarios de años se inclinaron ante él reverentes como si se tratara de una deidad viviente. El caso más sonado fue el acuerdo electoral que le permitió en 1996 al Partido de la Liberación Dominicana, con la candidatura del doctor Leonel Fernández, pasar de la oposición al gobierno.

Curiosamente, sólo le faltó la anulación de esa resolución, dictada en momentos de incertidumbre nacional hacen ya 50 años, para alcanzar su reivindicación absoluta. Tal vez ese hombre excepcional sólo dilatara su encuentro inevitable con la muerte a la espera sin éxito de ese gran instante de consagración final.

Desde su vuelta al poder, después de un exilio de tres años, en 1966, se hicieron varios esfuerzos, todos infructuosos, para revocar dicha resolución, sin que ninguna autoridad universitaria a lo largo de todos estos años haya querido o atrevido a dar el paso. Durante la rectoría del licenciado Roberto Santana, quien en su época de estudiante había sufrido en carne propia la autoridad del régimen balaguerista, se acortaron las distancias entre la universidad estatal y el Gobierno, aunque no lo suficiente como para zanjar lo que sigue siendo una de las pocas manchas, quizá la única, no redimidas en el historial político de aquél hombre, que ha sido sin objeción alguna el personaje más influyente de la vida nacional en los últimos cincuenta años.

Sólo uno de los cinco que suscribieron aquella famosa resolución lograría sobrevivirle, el doctor Antonio Isa Conde, quien a la sazón era uno de los dos representantes estudiantiles ante el Consejo. El rector de entonces, doctor Julio César Castaños Espaillat, una de las figuras más respetadas de la vida académica del país, terminaría años después vinculado a su régimen, a través del desempeño de importantes funciones públicas como la de secretario de Estado de Educación.

La suspensión de Balaguer como profesor de la UASD se produjo apenas unas dos semanas después de que le concediera la autonomía y el fuero a la Universidad de Santo Domingo y sólo diez días más tarde de la juramentación del Consejo de Estado de siete miembros encabezado por él mismo, que marcó formalmente el fin de la Era de Trujillo.

Las gestiones para que se reconsiderara aquella decisión, estuvo siempre basada en un hecho que actuaba a su favor: la evolución de los acontecimientos nacionales que al paso del tiempo dejaron atrás muchas de las pasiones que caracterizaron aquella época. En efecto, la decisión del Consejo Provisional Universitario, integrado por tres profesores y dos estudiantes, estuvo motivada en razones políticas no académicas. Contra Balaguer no podían invocarse entonces alegatos académicos. Si Balaguer carecía de méritos para ser profesor, muy pocos de entre la nómina de profesores de ese centro podían serlo. El texto mismo de la resolución era claro. La universidad se limitaba a acusar a Balaguer de negligencia en la persecución y castigo de personas acusadas de atrocidades desde la muerte del tirano e invocaba su tenaz oposición a la autonomía universitaria.

Esto último era una ironía, por cuanto por mandato del propio Balaguer, en su calidad de presidente de la República, se había consagrado días antes el fuero y la autonomía de la universidad del Estado.

Entre las motivaciones para sustentar la “suspensión” como profesor universitario, se usaba el discurso que Balaguer pronunciara el 23 de octubre de 1961, en el que felicitaba la acción policial contra un grupo de jóvenes refugiados en los tejados de la calle Espaillat, en el sector antiguo de la ciudad. En aquella ocasión, la policía había disparado contra los estudiantes matando e hiriendo a varios de ellos. La actitud de esos jóvenes era recordada como una gesta patriótica en los círculos contrarios a Balaguer y los nombres de las víctimas inscritos como héroes en volantes y proclamas universitarias.

La medida que suspendía a Balaguer como catedrático de la universidad estatal, la única existente en el país en aquellos ya lejanos días, se enmarcaba dentro del proceso de destrujillización que vivía el país y que había motivado la expulsión de decenas de profesores, muchos de los cuales, con el paso de los años, volverían a recuperar sus cátedras en la UASD, logrando incluso desarrollar carreras políticas asumiendo papeles democráticos. Todavía se pueden ver entre nosotros algunos de esos personajes.

La famosa resolución fue firmada por el doctor Castaños Espaillat, rector interino; doctor René Augusto Puig Bentz y doctor Froilan J. R. Tavárez hijo, profesores; y Antonio Isa Conde y Asdrúbal Domínguez, estudiantes. Su texto es el siguiente:

“Universidad Autónoma de Santo Domingo, fundada el 28 de octubre de 1538, Santo Domingo, República Dominicana.

Consejo Provisional Universitario, Resolución No. 4. El Consejo Provisional Universitario:

“Fiel al espíritu de justicia que debe caracterizar todo organismo auténticamente democrático consciente de la fuerza que emana de su autonomía y co-gobierno y;

“CONSIDERANDO: que el Dr. Joaquín Balaguer fue y es negligente en hacer caer el peso de la justicia entre los asesinos y torturadores de los estudiantes y profesores masacrados después del 30 de mayo;

“CONSIDERANDO: que el Dr. Joaquín Balaguer fue un tenaz opositor a la Autonomía Universitaria materializándose dicha oposición con el nombramiento e imposición de autoridades que fueron repudiadas por la familia universitaria;

“CONSIDERANDO: que fue el Dr. Joaquín Balaguer quien justificó y felicitó en su discurso de fecha 23 de octubre del año mil novecientos sesenta y uno al sector minoritario de las Fuerzas Armadas que perpetró la masacre de los valientes estudiantes de la calle Espaillat;

“CONSIDERANDO: que esa actitud no es compatible con la condición e investidura de profesor universitario.

“RESUELVE; Suspender como Profesor de la Universidad Autónoma de Santo Domingo al Dr. Joaquín Balaguer.

“DADA  en Santo Domingo, Distrito Nacional, Capital de la República Dominicana, a los diez días del mes de enero del año mil  novecientos sesenta y dos”.

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