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Lo que le faltó al informe

Lo que le faltó al informe
Mario Rivadulla

Mario-Rivadulla-30011De nuevo, como cada año, el Gobierno de los Estados Unidos dio a conocer la relación de los países que, según expresa, no cumplieron con sus compromisos contra el tráfico y la producción de drogas en los últimos doce meses.

Y de nuevo también, la República Dominicana, figura en esa lista negra en la que aparecen, entre otros, países de largo historial en la producción de drogas y la existencia de poderosos carteles internacionales que manejan el que se considera el tercer negocio que genera mayor volumen de recursos en el mundo. Tales: Colombia, Bolivia, Birmania, Honduras, Laos, Pakistán y Perú, por citar solo unos pocos.

Pero al menos, en la parte que nos concierne, hay que señalar que la relación adolece de un importante vacío. Es el espacio que debieran ocupar los Estados Unidos como el más importante mercado de consumo del mundo. También para dar a conocer cuál es el grado de eficiencia que han demostrado sus propias fuerzas anti-narcos para controlar la distribución dentro de sus fronteras y cuántos capos importantes de la droga que operan en combinación que operan en su territorio, en asociación con los carteles internacionales, han sido arrestados y condenados.

Lo cierto es que nuestro aporte en la lucha contra el narcotráfico ha rebasado con mucho nuestras posibilidades y que pese al tesonero esfuerzo desplegado por las autoridades, en particular la Dirección Nacional de Control de Drogas y al frecuente decomiso de fuertes alijos de sustancias prohibidas, sobre todo de cocaína y heroína, nuestro país sigue siendo utilizado como corredor para alimentar un destino de tan atractiva y nutrida clientela. Un trasiego que por lo general, no llega al mismo de manera directa, sino a través de Puerto Rico.

Pero si damos marcha atrás al calendario y nos remontamos un par de décadas, recordaremos los de más edad y comprobarán los más jóvenes que el flagelo de la droga era prácticamente desconocido en nuestro país. Por obvias razones económicas, República Dominicana no ofrecía la menor posibilidad a los barones del narcotráfico de poder

desarrollar un atractivo mercado de consumo local, el cual quedaba limitado a un grupo muy reducido de usuarios con disponibilidad económica suficiente para adquirir el producto.

Ha sido precisamente la notable expansión del consumo de estupefacientes que se ha registrado en los Estados Unidos, donde se ha llegado a mencionar la cifra de treinta o más millones de consumidores entre adictos, habituales y ocasionales, el motivo principal de nuestra involucración en el tema.

Esa desafortunada circunstancia uncida a nuestra ubicación geográfica y gran limitación de medios preventivos y defensivos para hacer frente a un enemigo en extremo poderoso que dispone en abundancia de recursos humanos usados como material gastable, económicos y logísticos, es la razón que nos hace figurar, año tras año, en la lista publicada por el gobierno norteamericano, como corredor para el tráfico de drogas a fin de suplir su pródigo mercado. Como norma de comparación vale señalar que el valor en las calles de Nueva York, Los Angeles y otras ciudades estadounidenses de un solo cargamento decomisado por las autoridades resulta superior al presupuesto de todo un año que recibe la DNCD.

Quizás si recibiéramos un poco más de ayuda de los Estados Unidos que destinaron miles de millones de dólares a financiar el Plan Mérida llevado a cabo por el gobierno mexicano contra los sanguinarios carteles que operan en la vastedad de su territorio fronterizo, nuestro país estaría en mejores condiciones para enfrentar con mayor éxito el continuo asedio a que se ve sometido por parte de los traficantes, haciendo méritos suficientes para verse excluido de la famosa lista.

Por lo demás, el valor agregado del paso de la droga por nuestro territorio nos ha introducido en el consumo en buena escala, hoy metido de lleno en los barrios de la capital y en todo el país; la feroz lucha de bandas en disputa por el control del microtráfico; la tenebrosa figura del sicario y el significativo incremento de una delincuencia cada vez mejor armada y más agresiva.

Señalar todo esto es lo que le faltó al informe.

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