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Lo que nos espera

La humanidad está inquieta a raíz de los acontecimientos desastrosos ocurridos en los últimos años en el mundo que han sido predichos por el Señor Jesucristo, los profetas y apóstoles, que de acuerdo a las Sagradas Escrituras son señales inminentes del arrebatamiento de su Iglesia y de años tormentosos.

Ahora se cierne sobre la humanidad la amenaza de una hambruna por la escasez de alimentos, las inminentes alzas de los precios del petróleo y sus derivados, desequilibrando las economías de los países desarrollados y subdesarrollados, sumándose además los efectos devastadores del calentamiento global y los cambios climáticos, originando inundaciones desastrosas en distintos puntos del planeta.

El mundo ha sufrido, en el pasado y presente siglos desgarradores conflictos armados, cobrando millones de vidas e incalculables daños materiales, tales como la primera y segunda guerras mundiales; las guerras de Korea, Vietnam, Irak y Afganistán, así como los inacabables conflictos en varios países de África.

Esto confirma una de las predicciones bíblicas acerca del inminente advenimiento de Cristo y el arrebatamiento de su iglesia, lo que antecederá guerras y rumores de guerra, levantamiento de nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares, lo que se ha definido como principio de dolores (Mateo 24:6:8).

Pero la primera señal que Cristo dio y que se pasa por alto es sobre la apostasía, que se describe como volver atrás y no seguir a Jesús, abandonar la fe, ser arrastrado por el error y apartarse del Dios vivo. Así se está viviendo hoy, el hedonismo, es decir, el materialismo y el enfermizo amor al dinero ha permeado toda la sociedad mundial.

Cristo advirtió solemnemente “Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán… (Mateo 24:4, 5). Y muchos falsos profetas se levantarán y engañarán a muchos (v. 11). Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aún a los escogidos (v. 24). Lamentablemente, eso está ocurriendo en estos tiempos peligrosos que nos ha tocado vivir. No es extraño ver ahora en varios países la legalización de los matrimonios entre personas del mismo sexo; y del aborto, entre otras aberraciones, que sería prolijo enumerar.

El apóstol Pablo también advierte: “…porque el día del Señor no vendrá sin que antes venga a apostasía, y se manifieste el hombre de pecado (el Anticristo), el hijo de perdición”.

Un verdadero cristiano no puede cometer apostasía, pero sí, un falso creyente, cubierto de religiosidad.

En estos tiempos estamos viendo grandes campañas de “falsos Cristos y falsos profetas”, que son “milagreros” que quieren engañar a los incautos con un supuesto avivamiento.

Al respecto, Cristo dijo: “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad (Mateo. 7:22, 23).

La esperanza de un avivamiento que excita a tantos actualmente no es siquiera un concepto bíblico. Cuidado con esto, mis hermanos en Cristo, porque por detrás podría estar Satanás, el enemigo de las almas.

El mundo va de mal en peor, porque vemos la animosidad y desconfianza existentes entre las grandes potencias por filtraciones de secretos revelados que, según dicen, atentan contra su seguridad.

“Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad como el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía. También tened vosotros paciencia y afirmad vuestros corazones, porque la venida del Señor se acerca”, (Santiago 5:7-8).

 

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