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Los cines romanos: ¿Hay vida después del cierre?

Los cines romanos: ¿Hay vida después del cierre?
Los cines romanos: ¿Hay vida después del cierre?

images (2)REDACCIÓN INTERNACIONAL.- El cine es parte esencial de la cultura romana pero, hoy en día, la capital acumula 42 salas abandonadas que muchos reivindican como centros de cultura alternativa para evitar su conversión en viviendas, anodinos garajes o centros comerciales.

Al pasear por la ciudad del Tíber es frecuente toparse con estos cines y el principal síntoma de su inactividad suele ser el polvo acumulado en sus puertas ya clausuradas y sus carteles cubiertos por un funesto plástico negro.

El Ayuntamiento de Roma informó a Efe de que de las 42 salas abandonadas 28 han puesto fin a las proyecciones en la última década y sus propietarios “no han manifestado por el momento ningún interés en reabrirlas”.

Es el caso de célebres plazas como el cine París en el barrio de San Juan de Letrán, el Metropolitan de Vía del Corso o el América, eje conductor de la actividad cultural del pintoresco barrio de Trastevere durante décadas.

Pero, ¿qué hacer con estos espacios?

La solución, como siempre, varía según el prisma a través del cual se mire: los colectivos quieren su reapertura como centros culturales mientras que los propietarios prefieren, a menudo, venderlos para sacar rentabilidad de ellos.

El “vintage” cine América, con el pestillo echado desde hace 14 años, ha sido defendido a capa y espada por un grupo de jóvenes que, mediante su ocupación, han evitado la voluntad de sus propietarios de convertirlo en un bloque de apartamentos.

Valerio Carocci, uno de los muchachos que integran la asociación “Cinema America Occupato”, explicó a Efe que la toma de la sala comenzó el 13 de noviembre de 2012 y concluyó el pasado septiembre, cuando diez camiones de la Policía les desalojaron con nocturnidad.

Durante esos dos años de ocupación, la sala se convirtió en un “espacio polivalente” en el que se desarrollaban múltiples actividades sociales y culturales e integraba salas de estudio, una biblioteca y, cómo no, una sala de proyección.

El Cine América, gestionado por los muchachos, recibió alabanzas por parte de directores de la talla de Paolo Sorrentino, premio Óscar el año pasado por “La Grande Bellezza”, y el mismísimo presidente de la República, Giorgio Napolitano, -hoy jubilado- quien escribió a Carocci para agradecer su actividad “altamente positiva”.

“Creemos que estos espacios deben recibir de la administración una atención extraordinaria. Lo importante es que garanticen servicios. Deben ser espacios sociales (…) Hacer un aparcamiento no responde a la que fue su verdadera naturaleza”, reivindicó el joven.

Carocci aseguró ser consciente de que “no pueden reabrirse como cines las 42 salas” porque eso sería “utópico” pero llamó a identificar aquellos que podrían abrir sus puertas como cine y cuáles deberían ser destinadas a otras actividades, “siempre sociales y culturales”.

Para ello abogó por que las instituciones lleven a cabo un proyecto para conocer los servicios que requiere la ciudad y “proponer ventajas fiscales para animar a propietarios y empresarios a ir en esa dirección”.

Otro espacio similar al América es el Cinema Palazzo, en el barrio de San Lorenzo, epicentro de la movida romana, y que fue ocupado en abril de 2011 por un grupo de personas para evitar su conversión en un casino, el más grande de la ciudad.

Finalmente la Justicia ha dado razón a los ocupantes y, en la actualidad, esta antigua sala de proyecciones alberga toda clase de actividades socioculturales y ya se ha convertido en uno de los principales reclamos del barrio.

Desde el consistorio, la concejala de Cultura, Giovanna Marinelli, apuntó en unas declaraciones a Efe que su propuesta es “una gran operación de regeneración urbana” que rote en torno a la cultura “como parte importante para el desarrollo” de la ciudad.

Sea como fuere, los cines cerrados deberán incluirse en el circuito económico de la capital en forma de un negocio cualquiera pero, eso sí, “deberán tener siempre un proyecto cultural” y ninguno podrá “convertirse en un supermercado, por ejemplo”.

Mientras, los desalojados jóvenes de la asociación “Cinema America Occupato” han inaugurado una sede mucho más pequeña que la anterior y en estos meses, próximos a la canícula romana, organizan sesiones nocturnas del mejor cine, proyectando películas en los centenarios muros de la capital.

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