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Los cuentos del servicio eléctrico

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  • miércoles 06 junio, 2012 - 11:42 AM | 

Si es por lo sufrido en la urbanización donde vivo, en servicio eléctrico el Gobierno se ha quemado, y de muy malas maneras.

Solo 12 horas con interrupciones inesperadas en Bello Campo y alrededores. Quema de electrodomésticos por altos voltajes, sin hallar a quien reclamarle. Sí, porque la atención al cliente y el pago por lo dañado es puro bulto mediático. Lo achicharrado así se queda. La respuesta siempre es un cuento o la indiferencia, y eso es resulta peor que la burla.

Aunque tengo el privilegio de ser periodista, en mi casa he sufrido hace casi dos años la desgracia de la quema de un inversor, una nevera, un televisor, el micro-onda y un abanico. Todo fue verificado in-situ justo cuando aún estaba en sus buenas el alto voltaje provocado por unos técnicos de Opalo que reparaban una conexión de un colmadón.

El administrador de Ede-Este en ese momento, Rubén Bichara, fue muy diligente y ordenó seguimiento a la situación; pero pocas horas después lo botaron. Hasta ahí llegó el caso, pues todos los días tenían una historia nueva, hasta que terminaron sacándola del sistema informático como si nada hubiera ocurrido. La última vez, para reabrir la reclamación borrada, solo les faltó pedir “los tres golpes” de la era de Trujillo. Fue una apuesta permanente a desinteresar por desencanto al cliente. Me han dejado pensando en que si eso le pasa a alguien de los medios, qué no le sucederá a quienes tienen la desdicha de ser “hijos de Machepa” sin voz.

Todos, sin embargo, debemos pagar religiosamente la factura. Un atraso implica corte inmisericorde, más 300 pesos por reconexión, cuando les sobre tiempo a los contratistas.

En nuestra zona no ha mejorado una pizca durante los últimos dos años. El nuestro es un sector 24 horas de incertidumbre. Hasta para planchar una camisa hay que persignarse y rogarle a Dios para ver si despacha un milagro que permita terminar tal tarea. De lo contrario, habría que irse medio arrugado para el trabajo o bajo la informalidad de un suéter y un jean.

Cuando la irresponsabilidad brota a borbotones con servicio tan vital como el eléctrico, es señal ominosa de un sistema entrópico que urge una evaluación sería, sin aspavientos mediáticos, a los fines de enderezar cuantos entuertos haya en el camino.

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