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Los "hijos invisibles" de las violaciones en Bosnia piden justicia

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Los "hijos invisibles" de las violaciones en Bosnia piden justicia

Sarajevo.- Ajna Jusic es una de las miles de niños nacidas de mujeres violadas durante la guerra de Bosnia-Herzegovina (1992-1995). Niños que, más de dos décadas después del fin del conflicto, son adulto que reclaman sus derechos y exigen dejar de ser «invisibles».

«Todos estos años hemos sido los hijos invisibles. No hay ninguna institución estatal que reconozca esta categoría de la sociedad», cuenta a Efe Jusic, de 26 años y que en 2015 creó «Hijos olvidados de la guerra», una organización para luchar contra lo que consideran una «discriminación».

Las víctimas exigen que se enmiende la ley de registro civil para poder inscribirse en los documentos oficiales usando sólo el nombre de la madre, sin necesidad de dejar en blanco el del padre, cuya identidad muchos no conocen ni quieren conocer.

«Cuando alguien nos pregunta por qué falta su nombre, me veo forzada a explicar que mi madre fue violada y que no sé quién es mi padre biológico», indica Jusic.

«Es un error del sistema, porque en este país viven varios miles de hijos que no saben qué nombre poner en ese apartado. Es un trauma que sufren a diario muchos hijos y madres», denuncia la psicóloga.

Jusic fue el primer bebé nacido en su momento en una casa segura de la organización «Medica», que asiste a víctimas de la violencia sexual.

«Hijos olvidados de la guerra» ha reunido hasta ahora a 15 hijos de mujeres violadas, que reciben apoyo legal. Unas 60 personas, entre juristas, psicólogos y otros especialistas, cooperan con la asociación para ofrecer su asistencia.

Jusic explica que el objetivo de su asociación es que todos los hijos nacidos de violaciones disfruten de dignidad e igualdad.

Según varias organizaciones humanitarias internacionales, unas 20.000 mujeres fueron violadas o sometidas a abusos sexuales durante la guerra bosnia, aunque hay asociaciones que aseguran que el número es mucho mayor.

Aunque hubo agresores de todos los bandos, la gran mayoría de las víctimas fueron mujeres musulmanas asaltadas por soldados y paramilitares serbobosnios.

Varias instituciones internacionales denuncian también que las violaciones fueron sistemáticas y organizadas.

El Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia (TPIY) ha condenado hasta ahora a solo 30 personas por crímenes de violencia sexual, mientras que el Tribunal bosnio que juzga crímenes de guerra ha dictados hasta ahora 43 condenas.

Muchas de las víctimas quedaron embarazadas, pero se desconoce el número de niños concebidos porque nunca se estableció un registro oficial ni de mujeres violadas ni de sus hijos.

La vergüenza de haber sido violada, en una sociedad conservadora y patriarcal, y de haber dado a luz a un hijo del enemigo, provocó que muchas mujeres abandonaran o dieran en adopción a sus hijos.

La madre de Jusic fue una de apenas mil víctimas de violaciones que logró obtener el estatus de víctima civil y una pensión.

Ella misma descubrió que era producto de una violación cuando, a los 14 años, fue a inscribirse en la escuela secundaria y se percató de que el nombre de su padre no aparecía en ningún documento.

Explica que conocer la verdad le causó un profundo trauma que sólo superó con la ayuda de psicólogos.

Además, Jusic cuenta su historia en la obra de teatro «En nombre del padre», estrenada el pasado 20 de marzo en el Teatro Nacional de la ciudad de Tuzla (noreste de Bosnia).

La obra, dirigida por Darrel Toulon, se inspira en el caso real de un niño que fue abandonado por su madre, una mujer violada por un soldado serbobosnio que acabó siendo condenado a cinco años de cárcel por crímenes de guerra.

El director explicó a la televisión RTV7 de Tuzla que lo más duro a la hora de preparar la producción fue entrevistar a las víctimas de abusos.

«Cada vez que hablan de esto pasan de nuevo por este camino tan emocional», destacó Toulon, oriundo de la isla caribeña de Dominica y durante 15 años responsable de ballet de la ópera de Graz/Austria.

«La idea inicial era hacer la obra solo con hijos de violaciones. Pero rápidamente me di cuenta que por el gran estigma que significa esto, nadie iba mostrarse en un escenario», agregó.

En todo caso, el director se mostró convencido de que esta obra puede ayudar a concienciar la sociedad bosnia sobre este problema.

«Muchas personas han hablado por primera vez sobre sus vidas y experiencias, y esto está abriendo los ojos a mucha gente en su entorno», señaló.

 

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