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Los precios agrícolas seguirán altos de aquí a 2020 pero no tanto como ahora

Los precios agrícolas seguirán altos de aquí a 2020 pero no tanto como ahora
Los precios agrícolas seguirán altos de aquí a 2020 pero no tanto como ahora

Alimentos.

París.- Los precios agrícolas van a seguir altos durante toda esta década, aunque no en los máximos en los que se encuentran en la campaña actual, según la OCDE y la FAO, que advierten de la persistencia de una gran volatilidad y piden acciones para atenuarla.

En su informe anual de perspectivas publicado hoy, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) constatan que los precios a corto plazo van a depender de la cosecha de este año, pero en cualquier caso «la vuelta de los mercados al equilibrio podría tardar».

La razón es que las existencias están muy bajas y no van a poderse reconstituir rápidamente, en particular en un contexto en que la demanda mundial aumenta empujada por los países emergentes y la progresión de los rendimientos agrícolas se ralentiza (un 1,7 % anual en esta década frente al 2,6 % en la pasada).

Esa ralentización de los rendimientos, que tendrá como consecuencia la persistencia de la tensión en los mercados internacionales, será consecuencia del esperado encarecimiento de la energía y de la cada vez más pronunciada escasez de tierras y del agua.

La OCDE y la FAO calculan que, puesto que se espera una ralentización del crecimiento demográfico en el mundo, la producción agrícola por habitante va a aumentar un 0,7 % anual esta década, pero con diferencias por regiones significativas: en Asia y Latinoamérica se verá el mayor alza del consumo alimentario por persona, mientras el déficit se agravará en el África subsahariana.

En un horizonte más prolongado, los precios mundiales van a ser de aquí a 2020 superiores a los de la primera década del siglo, en concreto un 20 % para los cereales y hasta el 30 % para la carne.

La evolución en detalle permite observar diferencias, como la relativa estabilidad del trigo o de la carne de vacuno, las subidas moderadas de las oleaginosas o la carne de cerdo (un poco más del 10 %) y ascensos más pronunciados del arroz (en torno al 15 %), el azúcar, el maíz, los aceites vegetales o el biodiesel (alrededor del 20 %).

Donde se augura una verdadera escalada es en la carne de ave (un encarecimiento en términos reales algo superior al 30 %), la mantequilla (alrededor del 45 % más cara en el horizonte de 2020 que en la década precedente) o en el etanol (+55 %).

Para el pescado, la subida de precios alcanzará el 20 % en la producción pesquera y del 50 % en la de las piscifactorías.

Eso será consecuencia de la disminución de las capturas pesqueras y de un menor incremento de la producción de las piscifactorías (+2,8 % anual en lugar del +5,6 % en los años 2000), que en cualquier caso van a aumentar su peso relativo y proveerán más de la mitad de la oferta mundial de pescado en el horizonte de 2020.

La OCDE y la FAO aventuran que los biocarburantes van a absorber una parte más importante de la producción agrícola al final de la década: un 13 % de los cereales secundarios (básicamente el maíz), un 15 % de los aceites vegetales y el 30 % de la caña de azúcar. Y no descartan que el fenómeno se amplifique si el precio del barril de petróleo continúa en ascenso.

Igualmente previenen que los incidentes meteorológicos y el cambio climático, con las consecuencias que tienen sobre los rendimientos de los cultivos, tendrán un impacto todavía más crítico en la volatilidad de precios, por lo que piden políticas «para limitar los efectos negativos».

En concreto, reclaman «una mayor transparencia de los mercados» que pasa por mejores datos sobre la producción, las reservas y los intercambios de los productos más sensibles en términos de seguridad alimentaria, pero también «la eliminación o la reducción de las distorsiones» como las restricciones a las importaciones o las exportaciones o las subvenciones a los biocarburantes.

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