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19 Abril 2024

Los volcanes de San Juan de la Maguana

Esa gran cantidad de ríos y manantiales que reducían la salinidad del lago han prácticamente desaparecido y en la banda norte tan solo aparece.

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A pesar de su título, este artículo no tiene nada que ver con el actual liderazgo político en esa ciudad, sino con un aspecto histórico.

El padre Las Casas, Cronista de Indias, llegó a la isla Española durante el segundo viaje de Colón en 1493 y viajó por toda la isla. En su libro Apologética e historia narra: “En esta provincia de Uguamuco (hoy San Juan de la Maguana) sale un volcán de una sierra que echa de sí algunas veces humo”.  Ningún otro cronista habla sobre volcanes en la isla, ni Oviedo ni Pedro Mártir, como tampoco Sánchez Valverde en Valor de la isla Española de 1785. Cronistas franceses quienes viajaron desde Puerto Príncipe a Santo Domingo y por lo tanto pasaron por San Juan de la Maguana, como Moreau de Saint Merry tampoco hacen alusión al asunto.

Sin embargo, nosotros siempre creímos en lo que reportó Las Casas ya que esa zona de San Juan de la Maguana se caracteriza por la presencia de mucha piedra volcánica, tanto así que los taínos, para guayar su yuca (dos palabras taínas), utilizaban pedazos de piedra volcánica, dado que son superficies ásperas y propicias para guayar. Cuando los vendedores de piezas taínas me traían guayos hechos de piedra volcánica les decía siempre que eran de San Juan y quedaban sorprendidos por mi comentario.

Pero la prueba definitiva vino en 1969 cuando dos técnicos norteamericanos publicaron en la Universidad de Puerto Rico un artículo titulado “Una provincia volcánica reciente en la Española” donde mencionan la existencia de cinco cráteres de volcanes extintos en tres cerros cerca de Haitico, a siete kilómetros al norte de la carretera que conecta a San Juan de la Maguana con Las Matas de Farfán. Entusiasmado le pedí a un amigo dueño de una avioneta que sobrevoláramos la zona y, efectivamente, allí aparecieron los cráteres de los volcanes extintos.

Como la juventud de hoy día ha tomado como deporte el rapel, es decir deslizarse en cables para bajar por superficies muy inclinadas, sugiero que utilizando una avioneta y un aparato que determina la ubicación exacta de los lugares, concluyan cuál de los cinco cráteres es el más interesante y luego lo exploren utilizando drones para mostrar la amplitud y profundidad del mismo.

Por otro lado, el padre Las Casas también visitó el lago Enriquillo donde reportaría en su Apologética e historia: “La vecindad y provecho que se sacaba de esta laguna causó estar muy poblada toda esta tierra, en especial la ribera della de la banda del norte, porque habían grandes pesqueros de muchos pescados de la mar… Se hallan en ella tiburones y otros pescados grandes marinos que no se crían ni se han visto en estas Indias sino en la mar”. Pedro Mártir de Anglería, otro cronista, cita en Décadas del nuevo mundo: “Más de 200 fuentes de aguas frescas en verano y potables, estas aguas forman un río invadeable que desde las cercanías corren con los demás hacia el lago”. Esa gran cantidad de ríos y manantiales que reducían la salinidad del lago han prácticamente desaparecido y en la banda norte tan solo aparece, por ejemplo, Las Barías cerca de La Descubierta y en la costa del sur “Ven a Ver”. Al aumentar la salinidad murieron los tiburones.

Otros tres lagos, sin embargo, han desaparecido. Mártir de Anglería explica cómo “a unas sesenta millas de la ciudad principal de Santo Domingo… están unos altos montes, sobre cuyos vértices hay un estanque inaccesible”. Las Casas también habla de que “en las sierras donde nace este río Nizao… hay una laguna que se desboca por algunas peñas”. Se trata de Rancho Arriba, una zona todavía muy llana pero donde apenas queda un pequeño ojo de agua. José Ramón Abad, a finales del siglo XIX narra que “hacia la izquierda del río Nizao se hayan unas grandes lagunas que por cuatro caños distintos se vierten en el río Banilejo… se dice que viven millares de aves marinas en aquellos lugares”.

Otros dos lagos que cita Las Casas y ya desaparecidos son el que existía en el tope de la montaña Isabel de Torres y en la isla Saona.

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