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Los Wikileaks dominicanos

Los Wikileaks dominicanos
Bernardo Vega

Bernardo Vega.

Con motivo de los atentados terroristas contra las Torres Gemelas las agencias de inteligencia norteamericanas se dieron cuenta que contaban con mucha información que tal vez hubiese permitido evitar ese desastre, pero la misma estaba dispersa en diferentes organismos gubernamentales, sin que los otros supiesen de su existencia.

Esto provocó la decisión de compartir los cables y reportes de diferentes agencias y así el personal del Pentágono tuvo acceso a cables del Departamento de Estado. Un joven soldado en el desierto iraquí “chupó” los cables de las embajadas los cuales luego hizo llegar al grupo encabezado por Julian Assange.

Éste inicialmente entregó los cables de la diplomacia americana a cinco grandes periódicos entre ellos “El País” de Madrid, el cual comentó el contenido de unos pocos cables de la embajada norteamericana en Santo Domingo. El propio grupo de Assange (“Wikileaks.org”), publicó otros cables dominicanos sin traducirlos. Luego hizo llegar otros a importantes periódicos latinoamericanos, como “La Nación” de Costa Rica, “El Comercio” de Perú y hasta a un periódico digital haitiano.

En el caso dominicano decidió entregarlos no a un periódico impreso, sino a un programa televisivo, dueño de un periódico digital (“Noticiassin.com”) y que alquila espacios en Antena Latina. Eso habla mal de los periódicos impresos del país los cuales, o no trataron de obtener el material, o si lo hicieron no fueron considerados, por tal vez percibirse que no lo reportarían adecuadamente. El material dominicano cubre tanto al gobierno del PRD como al del PLD.

Para todos los países lo “chupado” sólo incluye cables desde la sede diplomática hacia Washington, mas no los enviados desde el Departamento de Estado, por lo que no están disponibles las instrucciones recibidas por estas. La política se hace en Washington, aunque siguiendo sugerencias de las embajadas. Tampoco se “chuparon” los cables enviados desde las embajadas por los agregados militares, la CIA, el DEA, o los consulados.

Son muchos los libros sobre historia dominicana que incluyen material de los archivos diplomáticos norteamericanos, los cuales, usualmente está disponibles a los treinta años. Quien esto escribe ha traducido y comentado muchos cables de la embajada norteamericana en Santo Domingo entre 1929 y 1968. Por eso nuestro interés en colaborar con la divulgación de los WikiLeaks para ponerlos, en lo posible, dentro del contexto en que fueron redactados.

A diferencia del caso de México y Ecuador, en el dominicano el embajador a la fecha más reciente de los WikiLeaks ya no está en Santo Domingo, lo que evita reacciones como las de los gobiernos de esos dos países. El único caso previo dominicano sobre publicación de material diplomático poco tiempo después de los sucesos lo es el libro de John Bartlow Martin, quien utilizó material de 1962-63 para publicar sus memorias en 1966.

La reacción mundial a este fallo en la seguridad norteamericana ha sido, en general, positiva, pues auspicia la transparencia y, en la gran mayoría de los casos, evidencia las buenas intenciones norteamericanas. En el dominicano muestra que el objetivo de su diplomacia en años recientes ha sido luchar contra la corrupción, estimular elecciones libres y, naturalmente, defender sus intereses económicos. La reacción de Vladimir Putin fue interesantísima. Dijo: “¡Si se supiera lo que ponen nuestros diplomáticos en sus cables y que yo tengo que leer…!”

Es cierto que momentáneamente dificulta la obtención de informes y opiniones por parte de los diplomáticos americanos pero eso desaparecerá a medida que se perciba que lo de WikiLeaks no podrá repetirse.

En cuanto a nosotros, es totalmente justo que lo que los americanos saben sobre las actuaciones y debilidades de nuestros gobiernos también lo sepan los dominicanos. Es una traumática pero saludable catarsis. La decisión de Alicia Ortega y su equipo, a diferencia de algunos periódicos europeos, de incluir en su espacio digital el texto completo de los cables, tanto en español como en inglés, refleja la seriedad de sus propósitos.

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