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Lula y ser o no ser de izquierda

Lula y ser o no ser de izquierda

lulaSer de izquierda no es un mote sin contenido.

Ser revolucionario/a no es una pose.

No es un calificativo sin méritos constantemente renovados, reafirmados, ampliados.

No es una denominación vacía, fría, seca…

No es un titulo perenne, capaz de resistir cualquier falta.

No debe ser un status per se.

No tiene nada que ver con los privilegios y el poder para sí o para una claque.

No guarda relación armónica con la corrupción de Estado, con el clientelismo, con el soborno, con el tráfico de influencia, con el reparto de cargos, con el cobro de comisiones a empresas privadas, con el otorgamiento de contratos sobrevaluados o créditos privilegiados.

Ser de izquierda, o ser revolucionario/a, es todo lo contrario al abuso de poder, al egoísmo, a las injusticias, a la deshonestidad personal y política, a la manipulación, a la extorción, a las desigualdades, a las injusticias, a la explotación de los seres humanos, a la depredación y contaminación del ambiente, a la usura, al crimen, al saqueo, a la discriminación de cualquier género o color.

Es un permanente ejercicio de sensibilidad social y humana, de solidaridad para con los/as demás, de moralidad cotidiana.

Es un compromiso con lo justo, con la verdad, con la honestidad.

Es un compromiso ético y social en función de un proyecto generador de bienestar colectivo y felicidades.

Es una concepción del poder para transformar, para erradicar los males acumulados, para crear libertades y derechos, para servir a la sociedad sin servirse de ella, para ofrecer

conocimientos y capacidades, para avanzar cada vez hacia la superación del poder que se ejerce temporalmente.

Es democracia de verdad, participación sin trabas, poder de decisión del pueblo, poder popular.

Es feminismo, anti-racismo, anti-adultocentrismo.

Es condenar la homofobia y la xenofobia.

Es antiimperialismo, es anti-capitalismo, es socialismo creador.

Es internacionalismo revolucionario, no simple interés de Estado.

Es revolución social, cambio profundo.

Es innovación y renovación constante.

Se puede ser de izquierda todo el tiempo, incluso hasta después de la muerte. Es lo óptimo.

Se puede ser de izquierda un tiempo menor o mayor, para luego dejar de serlo. Algo a la vez meritorio y cuestionable.

LA NEGACIÓN DE SER IZQUIERDA

Lo que no se bebe es seguirse llamando de izquierda o partidario/a de la revolución social cuando se ha dejado de serlo.

Lo que no se puede es ser de izquierda imitando a las derechas, usando sus métodos, asumiendo su “moral”, administrando y multiplicando los intereses del capital.

A las izquierdas debemos exigirles más que a las derechas. Sus faltas tienen peores consecuencias. Hacen más daños, porque no son propias de su compromiso.

A las derechas se le supone capaces de todo lo malo, a las izquierdas no.

El poder ni es corrupto en sí mismo, ni corrompe. Son los seres humanos que se corrompen o no ejerciéndolo debida o indebidamente. El poder es una prueba, un desafío, para desarrollar las virtudes o sucumbir a las inmoralidades.

El izquierdista que se corrompe, deja de serlo. El derechista que lo hace, confirma una parte de su esencia, y si no lo hace, se rebela contra ella.

Las derechas casi siempre se vengan con saña del revolucionario o la revolucionaria que lo imita, haciendo leña del árbol que se dobla.

Los meritos históricos no se borran, pero no son patente de corso o cheque en blanco para cualquier cosa.

Las líderes o liderezas de izquierda, de la izquierda verdadera no pueden tener negocios comunes con corporaciones como ODEBRECH, con empresas mafiosa como la POLIS-

PROPAGANDA de Joao Santana. No pueden hacerle lobbys a ese tipo de intereses. Si lo hacen pasan a ser otra cosa, dan un salto desgarrador.

Tampoco me los/as imagino militando realmente en los ideales y valores de las izquierdas en contubernio con presidentes corruptos como Leonel Fernández y Danilo Medina, el primero ahora convertido en defensor de Lula junto a ex-presidente corruptos mezclados con otros bien decentes.

Lo digo por Lula y por Dilma con dolor en el alma. Por todo lo que representaron en el pasado. Por sus meritos y logros imborrables. Por la manera como han maltratado y embarrado su propio pasado.

Pero también lo digo por tantos otros y otras que se montaron en el autobús de las izquierdas para manejar a la derecha o que se cuadran muy bien para batear a la zurda y le dan de fauls por la derecha.

LA NEGACIÓN DE LA NEGACIÓN

Las evidencias en el caso brasileño abruman. La propia y desesperada defensa de Lula y Dilma luce fea, en busca de impunidades. Vale mucho no solo lo bien que se comienza, sino como se termina, y lo están haciendo mal.

Es penoso sí que las derechas y el imperio -dada la ausencia de una izquierda consecuente, debidamente identificada y estructurada- saque en esa delicada coyuntura el provecho mayor en ese mar sucio y revuelto.

Esas fuerzas retardatarias de ninguna manera pueden ser merecedoras de nuestro estímulo o respaldo, puesto que son proclives a lo peor.

Lula, Dilma y sus entornos se la pusieron fácil a las fuerzas del neoliberalismo duro, mafioso y decadente. Recordemos como el propio imperio elogiaba su moderación.

Se las pusieron fácil con los ajustes anti-populares en medio de la crisis económica y con su injustificable mezcolanza en la corrupción de ODEBRECH, GUTIERREZ ANDRADE, POLIS-PROPAGANDA Y PETROBRAS.

La izquierda de verdad, al tiempo de enfrentar la tendencia a un viraje de Brasil hacia la extrema derecha (tipo Argentina), no puede hacerse cargo del giro a la derecha y a la corrupción de Lula. Cada quien que cargue con sus culpas, aunque duela decirlo.

La causa de Lula, DILMA y compartes luce ser una causa cada vez más impopular y perdida.

Quienes le hicieron el juego al imperialismo fueron ellos/as. Ahora toca a las bases del PT y de las izquierdas socialistas y comunistas, a los movimientos sociales brasileños, sacudirse de esa tutela decadente, superar la dispersión y forjar nuevos liderazgo.

Lo otro es entramparse entre dos derechas con grados diversos de corrupción y degradación moral: una más moderada (pero en declive e indefendible) y otra brutal y en ascenso, contra la que hay apuntar todos los cañones. Guardando la debida distancia de ambas, con absoluta independencia. (29-03-16, Santo Domingo, RD.)

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