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Malas noticias económicas

Malas noticias económicas
Bernardo Vega

El mundo nos trae malas noticias económicas coincidiendo con malas noticias económicas locales.

El precio del petróleo que importamos está en su nivel más alto en tres años, a setenta dólares el barril, cuando a principios del año pasado estaba en cincuenta dólares. Eso nos obliga a gastar más divisas para importarlo y más pesos del presupuesto para subsidiar a las distribuidoras de electricidad, así como gasolina más cara para el consumidor.

El endeudamiento externo anual de nuestro gobierno con bonos soberanos comenzó hace doce años y no para. Ahora se hará más difícil y más caro por los problemas de economías emergentes como Argentina, Turquía, Indonesia y Brasil, pero también por las subidas en las tasas internacionales de interés. Christine Lagarde, la directora del Fondo Monetario Internacional (FMI) ha advertido que la guerra comercial iniciada por Trump contra China puede provocar un “shock” a los ya debilitados mercados emergentes. El dólar sigue fortaleciéndose a expensas de las divisas del resto del mundo, lo que implica que nuestro gobierno tiene que buscar más pesos para amortizar nuestra deuda. Nouriel Roubini, el que predijo la crisis del 2008, ahora predice que “para el 2020 existen varias razones para que puedan emerger varias condiciones para que se dé una recesión global” y el 2020 es nuestro año de elecciones. 

Las malas noticias locales son varias. El rayo que cayó en Caucedo sacó de funcionamiento a la planta de gas natural de AES, la que produce energía más barata y que cubre un 30% del consumo nacional. Como el gobierno desde hace años ha decidido no aumentar el precio de la luz, sino subsidiarla, a pesar de que un 30% de la generación no es pagada por los consumidores, eso significa que, según Bichara, el presupuesto tendrá que entregar a las Edes, unos US$49 millones adicionales al mes, por encima de lo que ya tiene que aportar adicional por el aumento del petróleo. Para que el presupuesto gaste menos  se ha optado otra vez por los “apagones financieros”, pues existe capacidad de generación alterna.

Pero el presupuesto tendrá también que entregar durante los próximos nueve meses US$336 millones adicionales al consorcio que encabeza Odebrecht para terminar la construcción de Catalina la Grande. ¿De dónde saldrá ese dinero? Cuando se anunció el presupuesto del año que viene no se dijo nada al respecto.

Si el fallo del arbitraje en New York resulta contra nuestro país, Catalina la Grande terminará costando un 36% más de lo contratado. Si el gobierno opta por venderla, el comprador va a pagar menos que el costo total, pues este está por encima del precio del mercado para plantas equivalentes, teniendo el gobierno que asumir esa diferencia. Catalina la Grande, y el no haber logrado reducir las pérdidas en los cobros por venta de electricidad, han sido el gran fracaso de la gestión de Medina.

Agreguemos a todo esto las amenazas de huelgas de los líderes (léase grandes empresarios) de los gremios del transporte, quienes buscan subir sus tarifas. El gremio de los maestros, la ADP, lo encabeza un congresista del partido del gobierno, el cual irónicamente busca destruir el mayor éxito de Medina, el 4% del PIB para la educación, al impedir que se impartan clases. Yo lo expulsaría del partido y traería maestros cubanos.

El presupuesto del 2019 es apenas un 11% superior al del presente año, lo que implica menos recursos para obras públicas, pues el gasto corriente crecerá debido a mayores pagos para amortizar las deudas, financiar Catalina y mayores subsidios eléctricos. Como por razones políticas no habrá reforma tributaria o eléctrica, el vender a Catalina la Grande a un gran khan, aun perdiendo, podría ser parte de la cercana agenda de la tournée a Pekín. Pero difícilmente alguien la compre sino después de que esté operando y, además, se conozcan varios aspectos jurídicos.

Definitivamente no era el momento para cambiar al gobernador y la vicegobernadora del Banco Central. Medina hizo bien en dejarlos.

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