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Maná combina con acierto espectáculo y calidez en Madrid

Maná combina con acierto espectáculo y calidez en Madrid
Maná combina con acierto espectáculo y calidez en Madrid

Maná

MADRID, España.- Lo anunciaron antes de la gira española. Aún con toda la parafernalia que tenían preparada, sus conciertos en nuestro país derrocharían calidez. Una promesa que Maná ha cumplido con creces, en el apabullante concierto que ha ofrecido esta noche en un abarrotado Palacio de los Deportes en Madrid.

El súper grupo de rock latino ha hecho honor a su fama, con un memorable show, donde, a pesar de la deslumbrante puesta en escena, la actuación no ha estado exenta del intimismo y cercanía que siempre ha transmitido la música de esta banda.

Así, en dos horas de concierto, Fher y los suyos han recorrido prácticamente toda su discografía, despertando en los 15.000 asistentes sentimientos de emoción, euforia y pasión descontrolada.

Al inicio del espectáculo, sobre una lona que cubría el escenario pero cuya transparencia dejaba ver a los músicos, se han ido proyectando formas de distintos colores, que han dado paso a un llamativo efecto de gotas de lluvia, las cuales parecían caer sobre la pista mientras el grupo interpretaba “Lluvia al corazón”.

Entonces, la lona se ha levantado, descubriendo a Maná en toda su plenitud, con tres pantallas gigantes al fondo que permitían una visión total de la actuación desde distintos ángulos, mientras el vocalista celebraba el Día de la Independencia de México.

De este modo, como si de un reflejo del título de su último disco se tratara, “Drama y luz”, la banda ha ido alternando recogimiento y esplendor en cada una de sus canciones.

Y es que, tras “Oye mi amor” y “Dame una señal”, la lona ha vuelto a caer sobre el escenario, para trasladar al público a la Edad Media, en un tramo intimista pero muy teatral, donde instrumentistas de cuerda vestidos como monjes han subido al escenario, para ambientar “El espejo” y “Sor María”.

Un fragmento quizá excesivamente recargado de llamativos efectos de fuego y luces de distintos colores, los cuales han desaparecido con la llegada de “Rayando el sol”, uno de sus temas más emblemáticos, que ha desbordado el júbilo de los presentes y finiquitado su pasión contenida.

Un emotivo desfile de banderas de países latinoamericanos ha protagonizado, como no podía ser de otro modo, un tema tan reivindicativo como “Latinoamérica”, hasta llegar a una combinación de la enseña española y la mexicana, apelando a la unión de ambos pueblos, gesto que ha sido ampliamente celebrado.

Dibujos de corte azteca han poblado el escenario durante “Corazón espinado”, canción tras la cual, se ha subido a la pista un afortunado madrileño, ganador de un concurso organizado por la banda y que se ha batido en un épico duelo de guitarras con el componente del grupo Sergio Vallín.

En el ecuador del espectáculo, el virtuosos batería Javier González ha ofrecido un deslumbrante solo en el que, encaramado sobre una plataforma que giraba y se elevaba sobre el escenario, no dejaba de tocar su instrumento y de aumentar el extásis de los asistentes a cada golpe de baqueta.

Y si de lo que se trataba era de lograr cercanía, nada mejor que tocar entre el público. Eso es justamente lo que ha hecho Maná a continuación, sobre un pequeño escenario situado entre la gente.

Allí, el grupo ha abandonado toda parafernalia y ha mostrado su cara más íntima y su profundo amor a México, tocando versiones de clásicos de su tierra como “El rey”, “Se me olvidó otra vez”, y hits de cosecha propia como “Vivir sin aire”.

Pero el intimismo ha durado poco, con el regreso de la banda a la pista principal y la interpretación continuada de “Déjame entrar” y “Clavado en un bar”, momento cumbre de la velada.

Y cuando todo parecía acabado, los músicos regresaron con “Labios compartidos” y “El muelle de San Blás”, para rematar, con hasta veinticuatro temas, una noche espectacular y vibrante, pero cálida, profunda y emotiva; justamente como Maná se propuso que fuera.

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