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¡Manos a la obra!

¡Manos a la obra!
Julio Martínez Pozo

Julio Martínez Pozo.

Su discurso  conmovió  al país porque la gente percibía la sinceridad de sus expresiones, no hablaba un orador rebuscando rimbombancias para exhibir dominios profundos de su cultura, sino un hombre muy sensibilizado por las carencias que mantienen a una franja amplia de sus compatriotas sumidos en la exclusión.

Es que Danilo Medina Sánchez no afanó para llegar a la presidencia de la República porque se sintiera desafiado a coronar una carrera política caracterizada por la entrega sin condiciones a las causas de su partido, así como por su honestidad, sus dones estratégicos, su  desprendimiento, la solidaridad con sus compañeros, su fe en Dios, para disfrutar de la colocación de esa banda presidencial que varios han sabido ostentar con dignidad y que otros han mancillado.

Los que hemos venido desde hace años corriendo su misma suerte, los que más de una vez hemos llorado sus derrotas sin apartarnos del camino ni perder la esperanza, el pasado jueves 16 de agosto, hicimos lo propio junto a millares de dominicanos en el país y en todas partes del mundo, porque sus palabras nos taladraron el alma.

No proclamo misión cumplida y me aparto de las tareas que me asigné de forma muy placentera durante años, porque el hombre que sumó a la fuerza de su gran partido el trabajo de muchas personas que no tenían expectativas de desempeñar puestos públicos, siempre advirtió que si era dura la batalla para alcanzar la candidatura interna y después la presidencia de la República, era más desafiante aún la que aguardaba después del triunfo, que como hemos sentido en su discurso, lo que se propone Danilo Medina no es otra cosa que una gran revolución social.

Si todos somos iguales ante  de Dios y ante los principios sustentantes de las leyes de los hombres, no podemos vivir en una sociedad en la que el analfabetismo impida que ciudadanos pueden disfrutar de la plenitud de sus derechos, y en la que el hambre, la miseria y el hacinamiento, empujan a la muerte prematura.

Danilo se ha propuesto que en dos años no quede un solo dominicano no sepa leer y escribir, en sus cuatro años tiene la meta de sacar de la pobreza a un millón cuatrocientos mil dominicanos, y procurar 400 mil nuevos empleos decentes para gente que hoy no tiene oportunidad de recibir los beneficios de estar en la economía formal: seguro de salud y de riesgos laborales, prestaciones reglamentadas, y algo muy importante para que se puedan brindar los servicios que requerimos, que sean trabajadores que tributen.

A las mujeres y a los jóvenes, no hay que contarles muchos, saben lo que representaba Danilo y por eso lo apoyaron de manera determinante. En el fondo todos los políticos sienten satisfacción por la llegada de Danilo Medina al poder, porque sin duda alguna, la clase será reivindicada, no es cierto que es una actividad de sinvergüenzas o de personas que solo buscan enriquecerse por vía del erario, hay gente que están en ella porque tienen una misión transformadora.

Que nadie se deje matar las esperanzas por el argumento tonto de que hubo una parte de funcionarios ratificados, porque en primer lugar, hay muchos nuevos, segundo, Danilo Medina no llegó a la presidencia solo, sino por el respaldo monolítico de su partido, prenda que no tiene porque desechar, y tercero porque funcionarios nuevos y viejos tendrán que seguir la misma partitura: gobernar contra la pobreza.

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