¡Qué vergüenza!
El cerebro del golpe a la joyería operaba desde prisión, revelando una preocupante realidad sobre el control del crimen.
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Lo que muchos pensaban que era cosa del pasado sigue latente.
Mientras se creía que el asalto a la joyería se planificó en la calle, la mente detrás del golpe operaba desde una celda.
Un hecho que vuelve a evidenciar una realidad preocupante: en algunas cárceles no solo se cumplen condenas… también se coordinan delitos.
Qué vergüenza.