Anoche no fue un robo… no fue un simple delito más.
Fue algo peor. Mucho peor.

Un pandillero… entrando a una casa…
intentando arrebatarle la dignidad a una adolescente.

¿Hasta dónde hemos llegado?

Hoy no fue tu hija…
pero pudo haber sido.

Y mientras eso pasa… la pregunta sigue en el aire, incómoda, urgente:

¿Quién protege a los inocentes
cuando el crimen toca la puerta?

Porque cuando una niña no está segura ni en su propia casa…
no estamos frente a un hecho aislado.

Estamos frente a una sociedad en alerta.

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