La desnudez no es el pecado. Nunca lo fue. El problema es lo que está detrás de la piel: la frialdad del cálculo. Cuerpo semidesnudo + iglesia + Viernes Santo no es espiritualidad. Es una fórmula. El cuadro de la Divina Misericordia al fondo no era decorado. Era la firma del montaje. Y la defensa “mi relación es con Dios, no con la religión” es el cierre perfecto: desactiva la crítica sin ceder un milímetro. Tokischa no tropezó con la polémica. La diseñó. ¿El escándalo es el arte, o el arte es solo la excusa para el escándalo?
